La buena música te pone los pelos de punta. Recorre todo tu cuerpo, te emociona, te golpea el ego y lo hace derrumbarse a pedazos. De Arcade Fire tenemos claro, desde sus inicios, que cumple esa descripción a la perfección. Esa melancolía bipolar, eufórica, con la que los canadienses conquistaron el orbe se sentiría por segunda vez en Santiago. En una noche extraña, con vientos helados luego de días con un feroz calor seco, la banda volvió con majestuosidad e humildad para presentar su último disco: el algo regular “Everything Now” (2017). Pero aquí los reparos que puedan existir contra su último trabajo no tienen cabida, porque las dos horas siguientes únicamente sirven para revitalizar el alma.

Dos horas y 24 canciones que comienzan cuando se ilumina el escenario, ambientado como un ring de boxeo. Es entonces cuando una voz en off presenta a la banda cual Apollo Creed previo a pelear con Rocky Balboa. Con una bandera chilena emulando una bata, Win Butler aparece en uno de los accesos a la cancha del Movistar Arena, ubicado a la mitad del recinto. Hasta el escenario es escoltado en medio la gente, donde abren los fuegos con la canción que le da el nombre a su último disco. Con el potente single, mezcla perfecta entre el estilo de los canadienses y los sonidos de ABBA, los 15 mil asistentes cayeron rendidos ante las estrellas de la noche.Fueron casi cuatro los años en que el grupo se demoró en volver a Chile, tras su debut en el Lollapalooza de abril de 2014, en un escenario ubicado a metros del en que hoy se presentaban. Por eso, la celebración eufórica vendría con “Rebellion (Lies)” de su ópera prima, “Funeral” (2004). Aquí estaban, era Arcade Fire en su plenitud. Tras esto vendría un punto de inflexión a lo que estaba por venir con “Here Comes the Night Time”, “Haïti” y la innecesaria “Peter Pan”, uno de los puntos regulares de su última placa.

Desde entonces “Neon Bible” (2007), el segundo disco de la banda que este año cumplió una década, tomaría un protagonismo esencial cuando empiezan a sonar los acordes de “No Cars Go”, el single elemental de dicha obra. Entre medio, una pincelada a EN con Régine Chassagne de protagonista -“Electric Blue”- para después callar bocas con “Put Your Money on Me”, el punto más alto de su álbum reciente.

Los recuerdos y añoranzas vuelven, y la homónima “Neon Bible” se toma el escenario con las luces apagadas y una petición explícita, a través de las pantallas, de alzar los teléfonos con sus respectivas linternas. Una calma excepcional rodea el lugar, la misa comenzó. Esa misma mañana Butler tuiteó sobre las altas expectativas que tenía de volver a Santiago, ya que en su debut por Latinoamérica habíamos sido “el público más loco”.  Es entonces cuando sorprenden con “My Body Is a Cage”, tema que estaban guardando para ciertos shows en particular, como el chileno. Le sigue “Intervention”, finalizando el repaso a su segunda placa.

“Neighborhood #1 (Tunnels)” marca el separador entre lo que vendría a ser una especie de escalera episódica de sus distintas etapas, con “The Suburbs” inaugurando el siguiente nivel de melancolía de manera majestuosa. La frenética “Ready to Start” se roba la película, continuando con la vuelta de Chassagne a la tarima central con “Sprawl II” para habilitar, de lleno, la pista de baile: “Reflektor” había llegado. Y con ella no sólo la hermosa “Afterlife”, que más de alguna lágrima logra dejar, sino que también vuelven a las sorpresas con “We Exist”, otra que se tenían guardada.

Un mini break antes del encore comienza con otra alta del EN, “Creature Comfort”. Es entonces cuando el final comienza a pavimentarse con “Neighborhood #3 (Power Out)”. Con el público en alza, la banda decide retirarse por donde mismo ingresaron, caminando a través de los fans. Pero no alcanzan a ser cinco los minutos de la pausa cuando por el mismo camino, Butler regresa al escenario. “We Don’t Deserve Love”, la balada de su trabajo reciente, despide los ánimos en el lugar cuando ya son cerca de las 23:30 hrs.

Nadie quiere que esto se acabe. Una versión acústica de “Everything Now (continued)” hace volver el coro de las miles de personas presentes. Las gargantas se mantienen en alto cuando comienzan a sonar los acordes de “Wake Up”, el canto a la vida, a la dicha y al amor que está en los anales de la música desde su publicación. No hay desgastes, considerando que es el punto de cierre en todas sus presentaciones. La monumentalidad del ambiente lo es todo, mientras la euforia llena el cuerpo de pies a cabeza. Arcade Fire da el adiós definitivo, no sin antes seguir tocando debajo del escenario por el mismo lugar en que la banda ingresó dos veces. Una hilera de veinte personas, incluyendo al sexteto, se abre camino entre la multitud con instrumentos, micrófonos y cámaras. Una locura, literal, digna de una banda con tanta maestría.

Rememorando lo ocurrido casi cuatro años antes, la sensación es similar. Si en los instantes previos a morir verías pasar tu vida completa, acá ocurre algo parecido en dos horas. La diferencia es que aquí funciona como un mantra, limpiando la miseria del alma, ad portas de un futuro incierto. Uno similar al que el grupo tiene. El camino de la consagración ya está. Eso es algo bueno y está claro que parte de ello fue esta ocasión, diferenciándola de la vez pasada. Pero en lo musical, habrán decisiones importantes de cómo reinventarse de buena forma. Fuera de aquello, esta noche con Arcade Fire fue más que necesaria.

Setlist

  1. Everything Now
  2. Rebellion (Lies)
  3. Here Comes the Night Time
  4. Haïti
  5. Peter Pan
  6. No Cars Go
  7. Electric Blue
  8. Put Your Money On Me
  9. Neon Bible
  10. My Body Is A Cage
  11. Intervention
  12. Neighborhood #1 (Tunnels)
  13. The Suburbs
  14. The Suburbs (Continued)
  15. Ready To Start
  16. Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)
  17. Reflektor
  18. Afterlife
  19. We Exist
  20. Creature Comfort
  21. Neighborhood #3 (Power Out)
  22. We Don’t Deserve Love
  23. Everything Now (Continued)
  24. Wake Up

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