Quizá el acelerado ritmo de la edición del debut de “Bala Loca” –transmitido el 3 de julio en CHV- se debía a una ansiedad por conquistar al público local, especializado en desechar testarudamente cualquier producción que le parezca “lenta”. Ya en el tercer episodio, el aire llega a las escenas fundamentales, dándoles el espacio necesario para que se desarrollen naturalmente.

Mezclando la acción de “Prófugos” con la conciencia social y el cariño por los personajes de “El Reemplazante” –junto con algo de la truculencia de “House of Cards”-, “Bala loca” cuenta la historia de Mauro Murillo (el brillante Alejandro Goic), un periodista que, luego de un accidente que lo deja en silla de ruedas, quiere recuperar el respeto de sus pares y enmendar las relaciones personales y profesionales que traicionó cuando cambió el periodismo de investigación por la farándula.

Con ese fin, busca a sus antiguos colegas y les ofrece formar un medio online a la Ciper. El proyecto sólo cuajará cuando Patricia Fuenzalida (Catalina Saavedra), que entonces se dedicaba a reportear independientemente una serie de irregularidades que favorecían a la isapre de un magnate nacional, sea convenientemente asesinada en un asalto a un supermercado. La meta es exponer los tentáculos invisibles que orquestaron su muerte.

Más allá de querer descubrir la corrupción política y la colusión empresarial en el Chile de hoy, la serie se engancha inteligentemente del vuelo que tienen actualmente estos temas en la opinión pública para construir un thriller policial y periodístico que ha crecido en intensidad con cada entrega.

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Nacida como proyecto hace un par de años bajo el nombre “Entero quebrado”, en un comienzo (como lo muestra el teaser) se iba a centrar en el drama del protagonista en su proceso por acostumbrarse a la silla de ruedas luego de ser atropellado, con la intriga periodística en un segundo plano.

Por suerte en “Bala loca” la movilidad reducida del protagonista no es un tema que se trata con violines de fondo, y tampoco la silla es una aureola que lo santifica. Murillo es una persona que ha cometido muchos errores y está en una lucha interna y externa por (ser capaz de) repararlos. La silla quedó en el segundo plano.

Esto es único en nuestra televisión: “Bala loca” es un programa que entiende que la clave de la integración social no está en la admiración exotizante sino en la empatía humanizante. Es liberador ver a una persona con movilidad reducida en la tele pudiendo ser tan bueno y tan malo como cualquiera de nosotros: Murillo es –al mismo tiempo- una pareja comprensiva, un padre deficiente y un profesional con altibajos.

En las únicas escenas en que la silla es relevante, es cuando el protagonista se mueve por una ciudad inadaptada que parece creer que las personas como él sólo dejan su casa para ir a la Teletón.

Esa lograda sensibilidad probablemente vino del creador de la serie, Marcos de Aguirre, que ocupa silla de ruedas desde un accidente que sufrió en 1987. También se logra gracias al equipo de guionistas, entre los que está Gonzalo Maza, quien es co-responsable de –entre otras cosas- haber retratado la sexualidad femenina post-50 años sin caricatura ni burla en “Gloria” (2013).

Luego de introducir los personajes y sus objetivos, en sólo tres capítulos la trama de “Bala loca” se complica: descubrimos que Murillo tiene un hermano detenido desaparecido, un amigo que es político corrupto y que su medio de comunicación no está tan blindado como él creía. Hay subtramas  que tienen potencial (como la del hijo del protagonista) y las actuaciones del resto del elenco están brillando cada vez más (menciones especiales para Trinidad González y la aparición de Alejandro Sieveking). La serie se ha autoimpuesto expectativas bien altas y hay que ver cómo avanza en los siete episodios que le quedan.

Los capítulos ya emitidos se pueden encontrar en las páginas de CHV, del CNTV y en Youtube.

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