Es complejo explicar quiénes son BTS y qué los volvió tan exitosos dentro de la industria del K-Pop y cómo su proyección internacional se disparó con el disco Wings. Miremos, primero, las cifras: dos Movistar Arena agotados (sólo quedan entradas ARMY VIP a $140.000 + cargo por servicio para el 11 de marzo), el escenario más grande jamás instalado en un Movistar Arena, un debut en Billboard en el lugar #26 con “Wings, el primer lugar por seis semanas consecutivas en el Billboard Social 50 (que sí, actualmente están liderando) luego de estrenar el reissue de Wings: You Never Walk Alone.

Poco tienen sus integrantes de máquinas que sólo reproducen composiciones, letras y bailes de otros, como sucede muchas veces en la industria del pop, puesto que la mayoría de sus miembros intervienen activamente en el proceso de creación y producción de su material. El grupo, además, lanza el anzuelo directamente al público internacional, utilizando el inglés en títulos y letras de sus temas.

El tour con el que BTS regresa a Chile es The Wings Tour, promocionando Wings, uno de los álbumes más versátiles del grupo, donde cada miembro demuestra uno por uno su estilo musical y su forma de ver la vida a través de siete canciones solistas, tras el concepto de un muchacho que conoce la tentación, pasando de la niñez a la adultez: los amigos que te hacen cambiar y empezar de nuevo (Begin, solo de Jungkook), las mentiras que nos dicen y las que decimos (Lie, solo de Jimin), cuánto nos marca nuestra familia (MAMA, solo de J-Hope), alejarte de todo cuando estás abrumado y odiarte a ti mismo (Reflection, solo de RM), dañar y ser dañado (Stigma, solo de V), e incluso un llamado al empoderamiento femenino (21st Century Girl, tema grupal), entre otros temas poco comunes e incluso tabúes en un país conservador como Corea del Sur, donde algunos grupos sólo hablan de amor o fiestas.

El resultado musical es algo ecléctico, pero muy bien cohesionado: rap (un buen ejemplo es BTS Cypher 4, track producido por Tricky), melancolía, soul, hip hop, pop, electro-dance e incluso sonidos ambientales de lugares, todo con un componente audiovisual fuertísimo: el disco fue anticipado con una serie de cortos conceptuales inspirados en el libro Demian de Hermann Hesse y con el sencillo Blood Sweat & Tears (que habla de una relación tormentosa), con una coreografía y videoclip demasiado complejas para ser reales.

Más allá de hablar de si el éxito de BTS está afirmado por las fanaticadas adolescentes, o ahondar en el sector socioeconómico o la capacidad de endeudamiento de las ARMYs chilenas (como si ese criterio simplista y clasista dijera algo), la pregunta es ¿Qué hace a un grupo surcoreano llenar de forma tan ambiciosa un Movistar Arena, trayendo incluso a fans extranjeras al concierto? La respuesta es más simple de lo que les gustaría a muchos: la música de unos muchachos que tienen algo que decir.

El mundo será un lugar mejor cuando se entienda al K-Pop como una parte más de la música global, donde compositores, cantantes y raperos realizan piezas incluso mejores que algunas vacas sagradas de Occidente.

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