Era un bello domingo, previo a un feriado que motivó a la gente de la Fonda Permanente a celebrar con todo el Día Internacional del Trabajador con una jornada inédita. Pasado y presente de lo pachanga y latino confluían en un sólo escenario enclavado en el Hipódromo Chile, una explanada enorme capaz de albergar a mil almas dispuestas a bailar y cantar, sin causar un caos de proporciones. Más aún si la entrada tenía 2×1, así todo se hacía más llevadero.

Así se fueron dando desde pasadas las 3 de la tarde una serie de artistas muy disímiles, como Inti Illimani Histórico, Guachupé y Ana Tijoux, cada cual con su momento de euforia apropiado, como fue el caso de Bloque 8 que se hicieron acompañar de una enorme fanaticada con banderas, Chancho en Piedra con un potente set que pasaba lista a su carrera unida a su presente, con temas como “WWW (Weon, weon, weon)” y “Mi mejor momento”, y Joe Vasconcellos, con una desgastada voz apoyándose de sus éxitos mayúsculos, extendidos a veces de formas innecesarias.

Tal como lo graficaban los carteles promocionales, los grandes invitados de la noche eran los mexicanos Café Tacvba, que supuestamente encabezaban la jornada. Pero no. Quizás se subestimó su éxito, o los presentes creían ser más fans de lo que eran. Pero de una bella celebración, todo se convirtió en pesadilla en el momento en que el cuarteto azteca pisó el escenario con un hit directo, “El baile y el salón”. El público no llegó para ellos, y empezaron las pifias.

Con entusiasmo, el siempre simpático Ruben Albarrán saludó con entusiasmo a los presentes y se largó de lleno a los éxitos “Cómo te extraño mi amor” y “Las flores”. Pero nada, y con un sonido sobrepasado por los bajos hizo de todo una postal lamentable. Así, una instancia que nunca se había visto empañada, con carteles enormes de Violeta Parra y Victor Jara, figuras insignes de nuestra canción que sufrieron del desconocimiento y la intolerancia de los que estaban en el poder, veían oscurecerse al lado de los Tacubos, bullados por un público que más allá de su conciencia, no se alejaron a beber o comer algo, sino que se dedicaron a incomodar y pedir a gritos a los siguientes del cartel, los nacionales Villa Cariño, que luego supieron satisfacerlos con un show grueso en hits y karaokes. Pero cuando se trata del resto, da igual, porque siempre es divertido basurear a lo incomprensible.

A punto de presentar un nuevo álbum llamado “Jei Beibi” (editado el 5 de mayo), los Tacubos regalaron algunas piezas nuevas como “Disolviéndonos” y “Un par de lugares”, y aunque es natural que la gente no se muestre entusiasta con temas nuevos, los presentes fueron derechamente irrespetosos ante una banda de una tremenda carrera, en un contexto en el que -supuestamente- prima la “buena onda” y el respeto a los demás. Por su parte, los mexicanos al conocer el terreno en el que se moverían, varió su repertorio para incluir otras canciones más conocidas en nuestro país, pertenecientes a su disco más exitoso, “Re”: “El ciclón”, “El metro”, sumadas a “El fin de la inocencia” y “El puñal y el corazón”, las que sonaron potentes y energéticas, siendo muy bien recibidas por los que esquivaron las pifias. No faltaron además los que pedían “La ingrata” de paso.

Nada fue como se esperaba y fue parte de un evento que empañó la labor de la Fonda Permanente como un colectivo que, hasta ahora, había organizado eventos de forma independiente sin chocar con esos elementos que hacen desconfiables los eventos más grandes como el Frontera o el Lollapalooza. Y esto no sólo pasó con Café Tacvba: un notorio retraso en los horarios hizo que Moral Distraída, Hechizo y la Combo Tortuga tocaran pasadas las 2 AM, con las barras haciendo aguas, devolviendo tickets por la escasez de cervezas y comida, finalizando todo como una mala borrachera.

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