En pleno siglo XIX, la marihuana se encontraba disponible en todas las farmacias de Uruguay, e incluso podía ser adquirida sin recetas médicas. Además de ser usada como sedante, el cáñamo en sí era la fuente principal de tapices, calzados, y todo tipo de tejidos. A mediados de dicho siglo, Estados Unidos fue sede de múltiples organizaciones de carácter religioso que tenían como propósito «erradicar las drogas de la faz de la Tierra». En 1908, se formó un lobby internacional en Ginebra que buscó la prohibición de la marihuana apelando a la paranoia colectiva que se generó en aquella época… y lo lograron. En 1925, la marihuana fue prohibida.

Tuvieron que pasar más de 80 años para que en 2012 y en pleno apogeo de su mandato, José «Pepe» Mujica se dirigiera a su país con el fin de fomentar la reflexión respecto al valor de la vida y la posibilidad de una convivencia pacífica entre uruguayos, por un periodo de 30 días. Dicho mensaje fue acompañado de 15 medidas, entre las cuales una destacaba por sobre todas las demás: regular la producción y comercio de la marihuana con control del Estado.

Si bien las declaraciones de Mujica generaron un gran revuelo en Uruguay, la propuesta en sí generó una importante repercusión a lo largo de todo el mundo, y eso es exactamente lo que logra graficar el documental apropiadamente llamado “Cannabis en Uruguay” (Federika Odriozola, 2015), el cual se encarga de hacer una crónica contando la historia de cómo dicho país logró regular de manera íntegra el mercado de marihuana; desde el primer anuncio, hasta la aprobación de la ley.Quizás el mayor acierto de la ópera prima de Federika Odriozola es que conforma su hilo argumental en base a múltiples entrevistados, quienes varían desde periodistas, sociólogos, doctores, personas involucradas en el mundo de la política, activistas sociales, empresarios, entre otros. Mientras más personas traten un tema algo tabú, mejor. De esta manera, el espectador se ve sometido a un amplio rango de personas presentando sus visiones respecto al largo camino que tuvieron que recorrer para que Uruguay, finalmente, vuelva a sus raíces y legalice la marihuana.

Sin embargo, una ligera desventaja que presenta esta mecánica es que gran parte de los entrevistados –si es que no todos– resultan ser pro-cannabis, lo cual aleja un poco al filme de resultar un documento caracterizado por una triangulación de información. A ratos, da la impresión que el espectador se siente casi obligado a decidir que dicho cambio en el país fue para mejor, ya que, independiente del amplio rango de personas entrevistadas, el discurso final del largometraje de 61 mins. se siente algo unilateral.

Si bien “Cannabis en Uruguay” concluye el día de la aprobación de la ley en la Cámara de senadores y no ahonda en las repercusiones que tuvo dicha medida en la sociedad, termina siendo un documento que siembra las bases para que el espectador tenga cierto conocimiento respecto a los prejuicios que, históricamente, han acompañado al cannabis. Una de las primeras cosas que aprendemos en el documental es que la erradicación de la marihuana a lo largo del planeta comenzó como un simple crimen de odio, mismo odio que, hasta hace un par de años, la sociedad uruguaya le otorgaba a los asiduos consumidores de la planta. Claro, a momentos se siente como un gran comercial pro-cannabis, pero es un comercial que vale la pena ver.

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