A continuación, desempolvamos una entrevista publicada en la revista Wikén de El Mercurio de julio de 1993, en los días en que Charly García visitaba Chile para realizar un show en el Estadio Chile, además de un paso por el programa Martes 13 de Canal 13.

Al otro lado está Charly. Quizás rascándose la punta del bigote blanco mientras sostiene con la otra mano un pitillo a medio fumar. Gesticulando y revolviendo el cigarrillo de manera circular. Dejando bolitas de humo sobre su cabeza. Con sus tics de siempre. Al otro lado de la línea telefónica lo tenemos y va soltando las ideas de manera desordenada, despreocupándose de que calcen perfecto. A veces riendo, otras pausado. El gran Charly, tremendo símbolo del rock sudamericano.

Habla con su acento porteño, amortiguado con mucha simpatía. Estaba feliz ese día, ansioso de contar detalles. “He estado muy ocupado en el último tiempo haciendo la música de una película de tangos, o sea no específicamente, pero el tema central tenía que ver con eso. Así que tuve que aprender a hacer tangos”.

-Pero tú sabías hacer tangos, Charly.
Sí, pero estos son conservadores, así ¿ves?, chan-chán-chan-chan.

El mismo día de la entrevista tenía su primera cita con la nueva banda. Se apresuró a dar los nombres. No los anotamos. Siguió: “Estamos bastante copados. He compuesto mil cosas, lo que no estaba haciendo son giras. Estaba metido en el estudio. ¡Ah! Y lo de la vuelta de Serú Girán que fue en vivo. Creo que hace nueve meses que no tocamos formalmente con mis músicos. Nos mantenemos en contacto para sacar ideas. Ahora estamos decidiendo el repertorio para una nueva gira”.

Era el tiempo en que empezaba a hacer las maletas para su presentación en el país, en aquel vibrante reencuentro del 30 de julio en el Estadio Chile. En la época en que no se sabía qué nos iba a mostrar, después de tantos años, en su esperado regreso al país.

“Lo que sí sé es que estar tanto tiempo en Buenos Aires me aburre. Sabés, tengo en la cabeza una nueva propuesta, una nueva cosa que me da vueltas y que es complicada, pero puede tener un trabajo muy lindo. Es una especie de ópera, una obra de largo aliento”.

-¿Un trabajo como el “Oratorio Liverpool” de McCartney?
No, una obra musical como “Tommy” (de The Who). Con personajes, escenografías y papa-pá.

Las ganas de venir a Chile se lo comían. Claro, porque la vez anterior, en noviembre del 87, las cosas no fueron del todo buenas. Se acuerda Charly. Lo tiene marcado ahí adentro y no hace nada para ocultarlo: “Había un comando de no sé qué, y cuando salimos en la camioneta para el hotel luego de tocar, la llenaron de alquitrán y la chocaron. Pudo ser peor, era una paranoia que me obligaba a encerrarme en el hotel. Fue medio caótico. A la vez sentí la desazón de salir custodiado por un tanque”.

Los tipos que atacaron a Charly fueron fanáticos de una secta religiosa que ya pasó de moda. Precisamente, el músico había venido a mostrar en vivo el disco “Parte de la religión”, en medio de un clima adverso creado por integrantes de esa secta. Cuando el cantante terminó su concierto en el Estadio Chile, el vehículo que lo trasladaba junto a su banda fue atacado. Al tratar de arrancar, el auto chocó, oportunidad que aprovecharon los obnubilados para irse contra el cantante.

-Pareciera que las convulsiones van de la mano contigo
Parece que tengo varias lecturas. Una al paso: la de verme en un afiche en una calle. Otra, más profunda si querés: la de pensar qué quiso hacer ese tipo. Soy un artista que escribe lo que le pasa y a eso le pone música que hace bailar y dentro va un mensaje que a alguna gente le puede poner los pelos de punta. Pero a otros les hace bien, mi música es terapéutica. No le veo la connotación que en Chile se le dio esa vez. Fue raro.

-¿Qué lecturas prefieres que se den de ti?
No me puedo cerrar mucho en lo que hago. De vez en cuando fabrico una síntesis y la gente cree que estoy yendo para acá, que entonces puedo cambiar. No es nada forzado, sólo significa que estoy buscando algo, qué se yo. Todo profesional, artista, está buscando algo y en esa búsqueda hay cosas muy fuertes. Como decía Keith Richards: “esto se trata de maravillosas caídas y maravillosas levantadas”. No me lo tomo tan en serio en el sentido de que sé que puedo provocar cierta controversia. Pero la gente que me conoce, la que escucha mis discos y que ha tenido contacto a través de los casi veinte años de música, puede hacer una lectura bastante clara de mí.

Aclara que no se siente pasre del rock latino, un título que varios le han dado. “sí, claro. Tengo un hijo de 16 años, que también tiene un conjunto, me siento el padre de mi hijo. No me pongo en competencia con nadie, pero de alguna manera me siento como una especie de Richards o Jagger. No sé, quizás no puedo comparar, un McCartney, Dylan, Lennon, me siento uno de ellos, uno de los que generó la cosa y que sigue la ruta”.

-Hablaste de búsqueda. ¿Es lo que ha demostrado desde Sui Generis, pasando por La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Girán y tu trabajo de solista?
Trato de hacer una música que me guste y con ella tengo la posibilidad de comunicarme con varias generaciones. Contigo, que por tu voz te calculo unos 20 o 25 años, con gente más grande que compra lo que hago y a quienes también les gusta el folclor y los clásicos. A la vez me escuchan chiquitos de 7 u 8 años. Cuando hicimos los conciertos con Serú fue toda la familia a vernos. Eso es lo mejor que le puede pasar a un artista: no dirigirse mucho al mismo público con los mismos códigos.

Confiesa que sus canciones, “todas mis canciones”, hablan de la realidad. “cuando me preguntan si lo que escribo en las canciones es verdad: Es”. Recalca esta última palabra. Por el teléfono se escuchan otras voces. Son las de sus músicos que van llegando al ensayo. Charly los saluda despacito sin despegarse el auricular de la oreja. “Es que es aburrido hacer siempre la misma canción”, señala. }

-Escribes verdades. ¿Es cierto eso que dicen de “Rasguña las piedras”, que era para una novia tuya que tenía catalepsia?
No, es todo una mentira, que no sé quién la inventó. Unos dicen que es una novia, otros que es mi hermana. Menos mal que no fue mi hermana. Esa canción la hice en cinco minutos sin tener muy claro lo que quería decir. Representa el sentimiento de salir de una represuión, o de tu cuarto, o de un estado mental que te estropea.

-Pegaste mucho a mediados de los ochenta con discos como “Clics modernos” (83), “Piano bar” (1984) y “Parte de la religión” (87), pero luego te diluiste. ¿Qué pasó, tuviste un bajón?
Para mí, mis últimos discos, “Cómo conseguir chicas” (89) y “Filosofía barata y zapatos de goma” (90) eran grandes trabajos. Hay veces que las cosas no funcionan. Justamente estaba pensando en una especie de compilado con las últimas grabaciones que hice, elegidas por mí, para refrescar canciones perdidas en los longplays. A veces se engancha y otras no.

La vuelta de Serú Girán.

En 1992, Charly, Pedro Aznar, David Lebón y Óscar Moro se juntaron nuevamente. El regreso de Serú Girán, uno de los grupos más simbólicos del rock trasandino, fue todo un suceso. Metieron sobre las 100 mil personas en dos recitales dados en Buenos Aires, superando la concurrencia que tuvo Guns N’ Roses. Del encuentro también quedó un disco llamado simplemente “Serú ‘92” y el registro del concierto, un álbum doble.

-Hablaste de no dejarte vencer por la melancolía. ¿Qué significó entonces la vuelta de Serú Girán?
Teníamos algo nuevo que decir. Salió el disco con canciones buenísimas. Había ganas de tocar, fue eso. No un impulso melancólico. Somos grandes músicos, es un placer tocar con ellos.

-Así como sentiste “algo nuevo que decir” con Serú, ¿podría suceder lo mismo con Sui Generis?
No, Sui Generis me parece un poco lejano. Está más relacionado con mi adolescencia. Serú tiene que ver con un desarrollo musical más sofisticado, no digo que sea mejor o peor. Luego, el placer de tocar con Pedro Aznar, David Lebón, que son maestros. Te ponen las pilas. Ahora sigo con mi grupo y el haber vuelto con Serú me enriqueció. Tocaré mejor.

-Nito Mestre fue a Miami para regrabar parte del material de Sui >Generis. Lo lanzará con el sello Polygram. ¿Qué opinión te merece esto?
Él me llamó el otro día y le dije que no me gustaba lo del disco, pero que si quería íbamos a cenar. Soy muy amigo de él. No sé, algún día lo conversamos más tranquilamente.

-Pero, más allá de lo personal ¿qué opinión artística te merece esa actitud?
Es cuestión de él. Lo puede hacer. Me hubiese gustado que me pidiera permiso. No permiso, en realidad, sino que me hubiese avisado antes y no después. Pero a la vez es un halago que un tipo agarre tus canciones para aggionarlas. Por un lado, me gusta que la gente recuerde las grabaciones que son históricas de alguna manera, ya que reflejan una época y todo eso.

-Algunos piensan que estás loco…
Me parece que voy a pasar a una cierta posteridad con mis canciones, porque salgo por la calle, camino, hago cosas, música de películas, giras. Un loco no podría hacer eso.

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