“Manos de Piedra” es un biopic sobre el que es considerado el mejor boxeador de peso ligero de todos los tiempos, Roberto Durán. Está dirigida por el venezolano Jonathan Jakubowicz (Prófugos) y protagonizada por Edgar Ramírez como Durán y Robert De Niro como Ray Arcel, legendario entrenador de boxeo estadounidense. La película narra desde la infancia de Roberto hasta su consagración, caída en desgracia y triunfal retorno, siempre poniendo mucho énfasis en el contexto sociopolítico: Panamá de la segunda mitad del siglo pasado, con la ocupación estadounidense del Canal como telón de fondo.

Si el resumen es un poco vago en cuanto a cuál es la historia, es porque la película tiene precisamente ese problema: no encuentra en ningún momento su foco, dónde debe estar el peso dramático, por qué pelea el protagonista, o a qué se tiene que sobreponer. Es una narración de muchos eventos sin que haya un arco argumental superior que englobe la historia (salvo que estamos viendo la vida de alguien), y eso por supuesto hace que el film sea mucho menos disfrutable.

Lo mejor de “Manos de Piedra” son sus actuaciones: Edgar Ramírez brilla en cada una de sus escenas interpretando a un personaje nada fácil; Durán es nuestro protagonista, pero difícilmente uno que al espectador le agrade. La película trata de ceñirse lo más posible a los hechos reales, y en ese ejercicio muestra a un Durán terco e indisciplinado, altanero y provocador. En verdad, Durán es súper odioso y cuesta ponerse de su lado. Aun con todo eso en contra, Ramírez se las arregla para hacerlo un personaje carismático.

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Robert De Niro, por su parte, está grandioso. Todos tenemos a De Niro por un gran actor, pero en los últimos años lo hemos visto (al igual que otros actores de su edad) tomar papeles en películas más bien malas. En “Manos de Piedra”, sin embargo, De Niro muestra su mejor versión, poniéndose en la piel de un entrenador que constantemente choca con la vehemencia y falta de disciplina de Durán, lo que genera los momentos más importantes de la película.

La interacción entre Durán y Ray es, por lejos, lo más interesante, y sin embargo no es el foco de la película, y uno queda todo el tiempo esperando más escenas entre ellos. Si la película se hubiese centrado en eso, en su relación y cómo, juntos, lograron brillar en el boxeo, ésta sería una gran película. En cambio, es una recreación con actores geniales de hechos que suceden en un período muy extenso.

El problema típico de los biopics es que las historias reales no son, de hecho, por sí mismas muy interesantes, por lo que las historias se modifican, los personajes se moldean para que funcione como obra por sí sola, y así termina por afectar tanto la historia que ya no se puede decir que es sobre hechos reales. “Manos de Piedra” tiene le problema opuesto: en su afán por retratar fielmente personajes y sucesos termina con una historia muy plana.

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El tono también es muy inconsistente: algunas escenas con mucha carga dramática rematan con algo humorístico y desde entonces hay un pasaje donde todo tiene este tono, para luego volver igual de abruptamente a algo más dramático. Hay por lo menos cinco montajes en la película (cuando se muestra el paso del tiempo con música de fondo); al final es hasta un poco cómico, y eso hace que uno sienta que esa es la intención, que cause risa… pero luego me lleva a una escena terrible de violencia doméstica… y luego va a la vida de Sugar Ray Leonard (interpretado por un Usher que, puesto al lado de De Niro y Ramírez, queda muy chiquitito), y luego a la de un amigo de infancia de Ramírez… y así salta constantemente entre conflictos.

El paso del tiempo también es muy extraño, porque sin previo aviso de una escena a otra pueden pasar dos días, dos meses o dos años. Salvo por cuando aparecen textos indicando lugares y fechas esporádicamente, es difícil situarse temporalmente en la película. El montaje tampoco ayuda porque es bastante confuso. Y ahí donde la película tenía otra oportunidad de brillar -con las escenas de pelea, que forman parte importante del metraje-, también la desaprovechó. Las peleas están editadas solo con cortes rápidos de golpes y reacciones, sin que haya dramatismo en ellas; para ser una película que tan constantemente recalca que el boxeo es el cerebro sobre el cuerpo, hace poco esfuerzo por mostrar conflicto psicológico durante los enfrentamientos, algo mucho mejor logrado en “Creed”, por ejemplo, el año pasado. Más que a Rocky o Raging Bull, “Manos de Piedra” se asemeja a una película estadounidenses estándar de deportes, donde el final de la historia coincide con la victoria.

Al menos, “Manos de Piedra” hace algo que en pocas películas gringas se ve: los personajes hablan en español cuando deberían hacerlo. Y eso es harto decir, porque casi la mitad de la película está hablada en castellano (y bien hablado, además). Con todo, la experiencia de la película no es horriblemente tediosa. Es en ciertos momentos disfrutable, y la historia es tan interesante por sí misma que la trama siempre va hacia adelante y eso hace que fluya. Además, aunque son muy pocas, las escenas de Ramírez y De Niro también son muy buenas. Pero no es una buena película, y ciertamente no una que valga la pena ver en el cine.

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