Cuando se estrenó “X-Men: Días del Futuro Pasado” (Bryan Singer, 2014), el universo cinematográfico de los mutantes de Marvel no volvió a ser el mismo de antes. Debido a los viajes temporales presentados en el filme, películas como “X-Men: La Batalla Final” (Brett Ratner, 2006) y “X-Men Orígenes: Wolverine” (Gavin Hood, 2009) quedaron fuera de la continuidad oficial. Esta reestructuración logró que una saga con diversos problemas de continuidad resultara aún más difícil de seguir que lo de costumbre. Luego de ver “X-Men: Apocalipsis” (Bryan Singer, 2016), llegué a una simple conclusión: para disfrutar los filmes, hay que ver cada entrega como un producto único. Mientras más conexiones trates de formar, más te terminarás decepcionando de la narrativa entre película y película.

Dicho eso, pasemos a la trama. En “X-Men: Apocalipsis”, vemos a En Sabah Nur (Oscar Isaac), el primer mutante en la historia, despertar luego de cientos de años de inactividad. Decidido a imponer un nuevo orden mundial, recluta a sus “Cuatro Jinetes”: Tormenta (Alexandra Shipp), Angel (Ben Hardy), Psylocke (Olivia Munn), y Magneto (Michael Fassbender). Mientras el destino del planeta pende de un hilo, Mystique (Jennifer Lawrence), con ayuda del Profesor Charles Xavier (James McAvoy), reúne a unos jovenes X-Men para evitar la destrucción del planeta tal cómo lo conocemos.

¿Les suena como la típica trama en que un equipo de seres aventajados deja sus rivalidades de lado para luchar contra un mal mayor? Es porque lo es, y a pesar de ser un concepto sumamente utilizado en la industria cinematográfica, no funciona del todo bien. Con esta película, uno se da cuenta que Bryan Singer trata de hacer tres cosas: presentar una historia coherente, rectificar errores de sus filmes pasados, y traspasar la esencia de las historias de mutantes popularizados por Chris Claremont y John Byrne. El director logra desarrollar cada uno de esos aspectos, pero de una manera algo ligera.xmenapocalypse_2La trama es simple, y funciona de buena manera gracias al buen uso del CGI, pero a pesar de la destrucción presentada en la película, el filme escrito por Simon Kinberg se siente muy “seguro” teniendo en cuenta que el título anuncia “Apocalipsis”. Existe una intención de captar las verdaderas motivaciones tras cada mutante y eliminar del recuerdo la mala imagen que impusieron en nuestras mentes los filmes que quedaron fuera de continuidad: por un lado, el potencial de algunos personajes –como es en el caso de Jean Grey (Sophie Turner), Cíclope (Tye Sheridan), y Nightcrawler (Kodi Smit-McPhee)– es presentado de manera breve pero efectiva, para dar el paso a su exploración en siguientes entregas de la saga. Por otro lado, personajes como Júbilo (Lana Condor), que resultaron ser claves en los cómics y en el marketing que antecedió a la película, solo… aparecen. Fin.

Al igual que en la entrega anterior, la escena de Quicksilver (Evan Peters) es lo mejor de la película. Rodada a lo largo de 20 días y con uno de los himnos ochenteros más recordados de todos los tiempos de fondo, es el momento en que te das cuenta que valió la pena haber visto el filme la pantalla grande. Sin embargo, termina sintiéndose como una versión extendida de su primera aparición. La base de esta película termina siendo la química entre personajes. Aquellos que crecieron con estos personajes desde “X-Men” (Bryan Singer, 2000), la primera entrega de la franquicia, conocen los constantes debates ideológicos entre Xavier y Magneto. Ver nuevas facetas en la vida de ambos resulta ser algo sumamente interesante de explorar para los fans, pero no estoy seguro si el filme funcionará de la misma manera para el espectador casual.

El climax de la película resume, claramente, lo que termina siendo la película en sí: un charquicán de habilidades extraordinarias por aquí y por allá contra un villano en común. Uno lo pasa bien y, estéticamente, gran parte de las secuencias parecen calcadas del cómic… pero no de uno muy bueno. Siendo la cuarta entrega dirigida por Bryan Singer, “X-Men: Apocalipsis” resulta ser más de lo mismo. No hay grandes riesgos, ni secuencias completamente innovadoras. Al terminar el filme, llega el punto en el que uno se pregunta qué pasaría si otro director se hace cargo de la franquicia.

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