El año pasado, Netflix anunció que adaptaría al anime el manga Devilman, de Go Nagai (creador de Mazinger Z), y que el director sería nada menos que Masaaki Yuasa, uno de los grandes directores actuales de animación japonesa. El hype se elevó a las nubes, y sólo se esperaba que el resultado final no fuese desastroso. Y déjenme decirles que no lo fue.

La serie nos sitúa en el Japón actual, y nos cuenta la historia de Akira Fudo y Ryo Asuka, dos amigos que se conocen en la infancia, y que se reencuentran 10 años después, cuando Ryo reaparece sorpresivamente en la vida de Akira, y le informa que los demonios existen. Esa misma noche ambos van a un club de demonios, lugar en el cual Akira se transforma en Devilman: un demonio con corazón de hombre. Mitad hombre, mitad demonio.

La premisa de la serie puede recordar un poco a Parasyte o Tokyo Ghoul, pero termina siendo algo mucho más de lo que en un principio puede pensarse. Y es que el trabajo de dirección en conjunto con el guión, que está bajo el alero de Ichiro Okouchi (Planetes) es brillante. Cada parte de Devilman Crybaby termina siendo una pieza más en un rompecabezas que termina en el capítulo 10.

Por otra parte, los diálogos y los personajes son otro aspecto que enaltece a la serie. Cada línea de diálogo es importante para entender la relación entre los personajes. Por otro lado, los personajes son magníficos. Uno llega a establecer cierto grado de empatía e intimidad con ellos, especialmente con Akira que, a pesar de ser un Devilman –como el mismo se clasifica-, es el más noble, bondadoso y empático; y llora cada vez que una persona muere o siente que alguien cercano está sufriendo –origen del Crybaby (llorón)-.

La banda sonora es otra acierto, conformada en su mayor parte por electro y dubstep, géneros musicales que se mezclan a la perfección, y que le entregan un plus a esas escenas explícitas de combate, sueños, sexo, violencia y aniquilación, que Masaaki se encargó de plasmar de manera magistral a lo largo de Devilman Crybaby.

La serie se me pasó volando. La vi en una noche, y cuando terminé, sólo quería ver más. Algo similar me sucedió con Castlevania, otro anime que el blockbuster virtual produjo el año pasado. Me gusta que Netflix esté apostando cada vez más por el anime, ya que hay muy buen material allá afuera, grandes directores y guionistas que pueden realizar algo brillante. Y con Devilman Crybaby, Netflix la hizo de nuevo.


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