Despojándose del refinamiento y multiplicidad de géneros de su antecesor, este quinteto da en el gusto a quienes esperaban una vuelta a las guitarras fuertes, con un tercer álbum que incorpora más que nunca el gen eterno que ha estado presente en todos los trabajos en los que la firma de Cristóbal Briceño, junto con la de Martín del Real (guitarra) y Simón Sánchez (bajo) está marcada, sumada ahora a la experiencia y agilidad de Francisco Rojas (teclados) y Daniel de la Fuente (batería): la identidad de rock sin apellidos.

“Chakras” arranca el disco con un ataque frontal, al mismo estilo de otros temas de inicio -como lo son “Misterios del Perú” o “Tranquilo, hombre del espacio”-, y que marca el pulso de un luminoso lado A, que se contrapone al lado B un tanto más introspectivo, con climas cercanos al soul de su antecesor, “Conducción”. Tras ella siguen “Gehena” y “Sal de ahí”, las cuales sintetizan la vocación pop del álbum, girando hacia cierta oscuridad con “Subyugado” y el llamado de atención de “Más se fortalece”, tema que cierra la primera mitad del disco en un rabioso climax que esconde la fragilidad devenida de una frustración, y que se concreta con un melancólico piano que queda en solitario hacia el final del tema.

“El hombre puede”, título inspirado de un mensaje inscrito en un templo gnóstico y que apunta hacia la definición de hombre como criatura humana, es el álbum más rockero de este quinteto a la fecha. Descartando momentos de languidez o de otras exploraciones como las de su antecesor, este es un disco intenso de canciones que en su mayoría no superan los cuatro minutos, que mantienen al oyente en constante excitación. A este punto, meritorios son los aportes de Daniel de la Fuente, uno de los mejores bateristas jóvenes de la música nacional actual y cuyo pulso firme inyectó una energía inédita en los trabajos anteriores de Ases Falsos.

A esto se suma un hecho no menor: el cuidado trabajo en el sonido del disco, gracias a la calidad de grabación y las mezclas de Kily González (supervisadas muy de cerca por Martín del Real) y masterización de Chalo González, que logran hacer un registro más pulido y estandarizado a lo que se oye comúnmente de rock de estos días (con los niveles al límite), consiguiendo sonar mejor que nunca.

Junto a las certeras melodías, se contraponen letras un tanto autistas y menos directas a las que caben darle más reproducciones, con algunas excepciones como la ingeniosa oda a la cerveza en  “Fría”, y el alucinante viaje de “Trato Hecho”, una especie de segunda parte del rollo mental de “Quemando”, llevado hacia el centro de la mente con la sabiduría que da la experiencia para lograr un buen vuelo. Otras creaciones que destacan son la balada soul “Mucho más mio” (que cuenta con un quiebre que recuerda a la intensidad de “Bucaneros” o “Gente tan diferente”), y la ganchera “Creo que no creo”, una gran candidata a single.

37 minutos en total para un disco que apunta sin tapujos hacia la consolidación, donde sin dejar de lado sus inquietudes en letra y música, asumen el hecho de ser ya un clásico, con material necesario para hacer cantar otra vez a sus seguidores, además de los que se están sumando a su trinchera.

Ases Falsos – El Hombre Puede (Quemasucabeza, 2016)

1. Chakras
2. Gehena
3. Sal de ahí
4. Subyugado
5. Más se fortalece
6. Fría
7. Mucho más mío
8. Antes sí ahora no
9. Creo que no creo
10. Trato hecho

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