Seis personas en el suelo. Una de pie frente al micrófono, pero la voz que escuchamos no es suya. Luego de un intermedio a cargo de Cantáreman, la segunda parte del show de lanzamiento del disco homónimo de Inarbolece parte con ese collage sonoro/reprise llamado “Cian”. La banda está tirada en el piso junto a las dos coristas. Cuerpos abandonados como marionetas sin titiritero.

Al micrófono, el performer Bastián Vollrath dobla la voz de Ineino: No hay nadie. Nadie toca, modula severo. La cita a la escena en el Club Silencio de “Mullholand Drive” es tan textual como efectiva.

“La asociación directa a Lynch tiene mucha relación con el disco y con lo que estamos haciendo ahora en vivo: mezclar verdad con mentira” cuenta José Riquelme, nombre cristiano de Ineino, luego del show. “Por eso a veces el Dani tira samples y yo no canto, o hacemos frases entrecortadas donde tira samples y después entro yo a cantar”, explica.

“Dani” es Daniel Lagos, el apoyo en vivo que sumó el trío compuesto por el mismo Ineino en guitarra y voz, Felipe Lorca en bajo y Alejandro Riquelme en batería. Integrarlo fue necesario para hacerle justicia a un disco sonoramente rico e intenso emocionalmente.

Para hablar del LP y su historia, nos encontramos en el camarín de Balmaceda Arte Joven, cuando los aplausos y las felicitaciones tras el concierto ya han pasado.

Inarbolece se presenta como un conjunto de Carampangue, localidad ubicada a 63 kilómetros de Concepción, pero en realidad Felipe vive en la capital del Bio Bío y los hermanos Riquelme -Alejandro e Ineino- estudian allí. Probablemente elijan la apartada localidad de la provincia de Arauco como domicilio, dado que la banda nació cuando los tres coincidieron en ese lugar.

“Yo jamás viví en Carampangue. Pasé mi infancia y parte de mi adolescencia en Arauco [a 8 kilómetros de la localidad], después me fui y no volví más”, cuenta el bajista, “pero conocí al José ahí”.

Antes de Inarbolece, la banda de Felipe y la de los hermanos Riquelme usaban la sala de un taller mecánico para ensayar. El tiempo hizo lo suyo: los otros proyectos se fueron diluyendo a medida que el trío se encontraba, y el primer hito del conjunto fue la canción “As de trébol”.

“Cuando antes tocaba con otra banda, José me mandó la maqueta acústica de esa canción y a mí me gustó mucho”, recuerda Felipe, y el aludido complementa: “El antiguo bajista me dijo que estaba mala porque se parecía a Kudai, y yo dije ‘bacán, po’”.

“La tocamos en el primer ensayo y estuvimos como una semana haciéndola”, añade Alejandro. En 2013, Felipe ya no vivía en Arauco y los Riquelme estaban estudiando lejos de Carampangue (Alejandro en Concepción e Ineino en Santiago), pero se juntaban en vacaciones a producir material.

“Los demos los grabamos uno en verano, otro en invierno y el tercero el verano siguiente”, explica Ineino. “Después ya nos pusimos a hacer el disco, y nos demoramos mucho porque no sabíamos nada”.

Fue con Rodrigo Droguett, el bajista de Mantarraya, con quien grabaron el disco, ¿cómo llegaron a él?

Alejandro (A): Alguien preguntó en Facebook quién grababa bien, y salía recomendado.

Ineino (In): Lo vimos y yo sentía que era él. No tenía idea de que era el de Mantarraya, pero sentíamos que era él. Y era él: nos aguantó muchas cosas y nos enseñó harto también.

A: Llegamos en pelota a grabar. Brígido.

Felipe (F): Nosotros habíamos grabado de nuestra forma porque pensábamos que así se grababa. Ni siquiera usábamos metrónomo.

In: No sabíamos qué equipos usar, qué batería usar o cuál era buena. Nos dijo que nos compráramos instrumentos y él eligió los amplificadores.

¿Cómo fue la etapa de producción del disco?

A: El José dijo que no podía sonar a cualquier disco. Lo primordial era no sonar a otra cosa y hacer lo nuestro.

In: Y sacarnos ese estigma rockero que nos molesta. Los rockeros son súper cerrados.

F: Intentamos alejarnos de eso demasiado. Igual  “As de trébol” pertenece a una etapa súper prematura de nosotros, pero ahí tampoco estábamos buscando ser como rock rudo.

¿Y cómo fueron eligiendo las canciones?

In: La elección fue super ingenua en el primer año de hacer el disco. Cuando empezamos a trabajar las otras canciones, supimos que todo esto tenía que tener un sentido. Entonces empezamos a unir cosas, a elegir hermanos y a preocuparnos de que fuera todo cíclico. De hecho yo creo que cambiamos todas las canciones hasta el día en que Rodrigo nos dijo ‘cabros, ya basta’. Cambiábamos las letras, las voces…

F: Grabábamos bajos de nuevo. De hecho los teníamos todos grabados pero decidimos cambiar líneas de bajo y me metí a grabar de nuevo todo un día, de las nueve de la mañana a las nueve de la noche. Y eso pasó porque no cachábamos el concepto de pre-producir una canción y tuvimos que hacerla en el proceso. Aprendimos a hacer todo muy rápido y en muy corto tiempo.

El disco y, especialmente, sus conciertos son bien melodramáticos, ¿de dónde viene aquello?

Ineino (In): Yo creo que eso es como rural, porque Carampangue es muy melodramático. Hay gente extraña, que pasa por las casas todos los días o…no sé. Yo creo que de ahí viene, de ese show de las personas normales.

Hay mucha teatralidad y una concepción de lo rural que parece tener mucho de Raúl Ruiz ¿hay influencia de él en su trabajo?

In: Yo creo que hay caleta. Raúl Ruiz es un gran referente para nosotros. No tenemos tantas bases teatrales, sino relativas al cine, y como que damos vuelta esas cosas medias cineastas en las letras, en los ritmos y en las presentaciones.

Felipe (F): Y las reinterpretamos siempre. La mano es meter todo a la juguera, cocinar algo y encontrar tu propio sabor. Si te apegai a las reglas siempre vas a obtener un mismo resultado, pero si te abstraes e intentai hacer otras cosas, el resultado va a ser distinto.

También se puede leer la influencia de Huidobro en lo que hacen.

In: De Huidobro igual. Hay harta poesía chilena, entonces igual nos agarramos de eso, cachai. Intentamos tomar todo lo que más nos gusta para hacer lo nuestro. Además, Huidobro tiene mucha relación con Ruiz, Ruiz tiene relación con Violeta Parra…

F: Se entrelazan. Son como piezas de rompecabezas que vamos haciendo calzar de la forma que queremos.

“La performance siempre se hace”, dijo Ineino en esta entrevista, sobre la teatralidad del conjunto. “Uno puede estar en la calle ‘normal’, pero siempre está haciendo performance”.

Esas ideas sobre la performatividad identitaria parecen relacionarse con las de Judith Butler, quien afirmaba que el género es performativo.

In: Ese rollo viene de una creencia eterna nuestra, desde chicos. Como en octavo básico nos dimos cuenta de lo estúpidas que eran las reglas de género, y creo que se dio natural. O quizás por cosas como que mi mamá que nos pasaba sus chalecos o cualquier cosa, porque tampoco teníamos mucha ropa, entonces era como “anda con este chaleco”, si total es una ropa nada más.

F: No teniai que asumir nada, porque era natural. Yo tengo sólo hermanos y mi madre, que nos enseñó siempre a ser demasiado atentos con ella. Si lo ves desde un punto de vista machista, donde la mujer tiene que atender, en mi casa siempre fue al revés. Crecí haciéndolo así, y también ocupando ropa de mi abuela, de mi madre. Y nunca hubo prejuicio ni nos dijeron “sácate esa ropa de mujer” o “no hagas ésto”.

Si hay algo consciente en Inarbolece, es querer generar un clima catártico en sus conciertos:

“Eso que se crea en las iglesias cuando cantan todos nunca lo he sentido en un concierto de rock, y nos gustaría poder generarlo. Esa atmósfera es demasiado cuática”.

*Fotografías por Antonio Garrido

Update 3/02/2017: una versión previa de esta nota no especificaba correctamente los lugares de residencia de los integrantes.

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