“América, quieren a alguien para amar, pero sobretodo, quieren alguien a quien odiar”. Desde esa frase se puede desglosar los sensibles tópicos de “I, Tonya”, la nueva película de Craig Gillespie (Million Dollar Arm). Protagonizada por Margot Robbie, el film muestra la historia de la controversial e incomprendida patinadora estadounidense Tonya Harding.

La narrativa comienza como una especie de documental -al estilo E! True Hollywood Story, haciendo sentir al espectador que es parte de una historia real para que pueda, por sí mismo, analizar los hechos cronológicamente y narrados por sus propios protagonistas. La historia toma diferentes perspectivas creando una dinámica poco común en una biopic.   

Los Golden Globes la nominaron en  la categoría “Mejor Película – Comedia o Musical”,  entonces surge la pregunta ¿por qué hicieron de esta una historia de comedia, si calza perfecto en un drama?  Hay violencia, abuso y clasismo por montón, hechos que determinaron circunstancialmente la vida y carrera de la deportista.La decisión podría pasar en que su vida no es algo muy fácil de digerir. Había que encontrar la manera de mostrar la crudeza sin cansar al espectador. América tomó a Tonya para tener a quien odiar, sin importar lo que eso significaba.

“I, Tonya” es más que la historia de la deportista y su polémica con Nancy Kerrigan -otra patinadora estadounidense-, esta cinta muestra la marginalidad blanca, pone en evidencia la otra cara del sueño americano que Estados Unidos no quiere mostrar en sus deportistas estrella.  Nadie quería ser representado por una chica poco femenina, de una familia disfuncional y de carácter fuerte.

Los hechos se suceden constantemente con música de fondo que, en su mayoría, están el inconsciente colectivo pop del espectador que se hace parte de lo que está sucediendo. Tonya prefería ZZ Top en sus rutinas que a Mozart.

Craig Gillespie tomó una decisión difícil: un personaje odiado y una narración atípica rodeada por historias tristes y caracteres incómodos y logró que la audiencia lo quisiera y comprendiera. Tonya Harding puede dejar de sentirse el hazmerreír noventero.

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