Los atribulados ochentas argentinos fueron años de mucha efervescencia política y cultural. El rock fue protagonista de esta oscilación entre la rabia, la angustia y la esperanza. Esta década parió a tres mitos musicales que no vieron la llegada de los noventas: Luca Prodán (Sumo/Hurlingham Reggae Band), Miguel Abuelo (Los Abuelos de la Nada) y Federico Moura (Virus).

No obstante, en paralelo, Carlos Alberto “Indio” Solari sobreviviría a los ochentas como ícono de la contracultura argentina de la década. El Indio Solari, junto con su banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricotas, mezclaba en sus presentaciones vanguardismo, performance, referencias a la ideología izquierdista y una mística que hizo que los fans se convirtieran en feligreses.

El Indio, quien de niño se hacía llamar “Tanito Astronauta”, arma en el escenario lo que el nombra como “misa ricotera”. Solari se presenta en la música argentina como una suerte de profeta, lejos de los magnos nombre de Charly García y Luis Alberto Spinetta o del intimismo de Federico Moura; lo del Indio es colectivo. Desde cantar La Internacional antes de sus conciertos en plenos años ochenta o alentar cánticos y brazos al cielo en cada show, el Indio Solari es el sumo pontífice de quien ama el rock argentino.

Solari es el fundador de un culto a la música en que él, como chamán, nexo entre los más altos espíritus del rock y los feligreses; dirige un carnaval de almas. Sobrevivir a los ochentas valió la pena para el Indio. Desde la década de 1990 que los shows con “Los Redondos” pasaron de pequeños antros y centros culturales a recintos más grandes, estadios de fútbol en que pareciera que la pasión por el deporte rey y el rock es la misma.

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota sólo ha registrado una aparición en tv, una conferencia de prensa por la suspensión de su concierto en Olavarría, 1997. Quizás la impronta misteriosa que da el hecho de evitar los medios audivisuales (sólo aceptaban entrevistas de radio), da a la banda y a su líder, el Indio, un cariz de milagroso. Entre la críptica de sus letras y la comunión que buscan en cada show, los ricoteros quizás ven a un asceta hablando en lenguas, a un santo eléctrico, una Difunta Correa a la que pagar mandas. No puede haber argentino ateo si tienes a Maradona, al Papa Francisco y al Indio.