Al concluir los créditos y retirarse de la sala de cine, uno comprende por qué Jackie no cosechó más nominaciones a los Oscars. Si bien la Academia norteamericana no es precísamente un sello de calidad del todo fidedigno, al leer las noticias sobre el primer filme hollywoodense de Pablo Larraín las esperanzas estaban altas. Y es que el director chileno ha logrado marcar un antes y un después en el cine nacional con sus producciones, siendo esta su película con mayores chances para consagrarse en el corazón del séptimo arte mundial. Sin embargo, acá las oportunidades se desperdician. No del todo, pero bastante.

Jacqueline Kennedy (Natalie Portman) acaba de perder a su esposo, el presidente de los EEUU John F. Kennedy, a manos de un balazo en la cabeza perpetrado por un tirador en la ciudad de Dallas, Texas. Junto con el fallecido mandatario se va también su poderío como la mujer más importante del país. Semanas después y tras estar refugiada en su casa del estado de Massachusetts, la ahora viuda recibe a un periodista (Billy Crudup), quien intentará construir un perfil suyo tras la trágica muerte de su esposo. Sin embargo, a pesar de que Jackie se sincera con él, intentará que en el registro sólo quede acta de su propia y públicamente favorable versión.

Ahí, la trama parece interesante. Sin embargo, Jackie es una película que da puntada sin hilo. El argumento se sustenta por las conversaciones que mantiene Kennedy con el periodista y un sacerdote (John Hurt), ambos personajes sin nombre. La entrevista mantiene a la película, repasando un par de momentos en la Casa Blanca en años previos, hasta todos los eventos relacionados con la muerte de JFK, muy bien recreados. Sin embargo, eso es todo el filme. Dos interacciones -incluyendo un mea culpa religioso- y una seguidilla de flashbacks sin orden ni coherencia con una historia que prácticamente no tiene clímax.

Es así como el guión, centrado más en retratar y a la vez crear su propia versión del personaje principal, absorbe una película que en los otros aspectos está muy bien realizada. Es tanta la mezquindad del escrito, que no sólo no contextualiza y presenta bien la historia al espectador, sino que además no se preocupa para nada de los personajes secundarios, encarnados por los notables Peter Sarsgaard (Boys Don’t Cry), Greta Gerwig (Frances Ha), Richard E. Grant (Dracula) y Max Casella (The Sopranos). Sólo destacan ahí los roles de Crudup (Almost Famous, Big Fish) y el recién fallecido Hurt (V for Vendetta, 1984), cuya humilde interpretación logra opacar a la a ratos sobreactuada Portman.

Sin embargo, y a pesar de lo nefasta que pareciera ser la película, el improvisado equipo extranjero de Larraín logra rescatarla. Las características tomas en mano del director se fusionan con primeros planos que persiguen a los personajes, todo de la mano de la bella fotografía del francés Stéphane Fontaine. Las tomas en exteriores logran ser preciosas, en especial las filmadas en la calle y parques. La música de Mica Levi, nominada al Oscar por este trabajo, cautiva en los momentos esenciales del filme.

Mucho se podrá culpar al guionista sobre este fracaso con sabor a gloria. Noah Oppenheim, cuyo único trabajo previo en cine es haber escrito los guiones de The Maze Runner y la primera parte de Allegiant de la saga Divergente, hizo un muy buen trabajo caracterizando a Kennedy, mismo nivel que siguió Portman al interpretarla a tal magnitud.

La mano de Larraín se nota en la película y es ahí cuando la duda entra de qué tanto afectó en el transcurso de su realización. La cinta tiene una forma de retratar los hechos al igual que en No (2012): una historia que el país de origen conoce bastante bien. Tal vez sea esa la razón de por qué Estados Unidos la recibió con aplausos, así como en Chile recibimos a la ficticia historia sobre el plebiscito de 1988.

Jackie no es una mala película, ni sus fallas parecieran ser fallas como tal. Sin embargo, está claro que es una producción que prometía mucho más. Quizás fue una falta de preparación (Larraín recibió y aceptó el proyecto antes de filmar Neruda, para comenzar la producción de éste inmediatamente) o de consolidación del escrito. Hoy Larraín ya tiene su primer escalón en Hollywood, sin embargo, muchos peldaños más fueron desperdiciados en esta ocasión, porque Jackie es un claro ejemplo que lo que pudo ser.

 

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