Era mayo de 1997, a sus 30 años, cuando a Jeff Buckley lo arrastraba algo tan poderoso y natural como su voz: la corriente del río Wolf en la ciudad de Tennessee decidió que era hora de partir.

Tenía 19 años cuando por MSN, como se hacía en el año 2009, entre zumbidos, emoticones que se movían y trabajos de universidad, un amigo me envía una canción: “Jeff Buckley – Last Goodbye.mp3”, decía el archivo. “Este tipo de certeza se tiene una vez en la vida”, dijo Clint Eastwood en Los Puentes de Madison y, musicalmente hablando, en esa ocasión tuve la certeza única y absoluta de que la voz de Jeff Buckley jamás se escaparía de mis oídos ni de mi vida, esto ya era amor.

Jeffrey Scott Buckley nació el 17 de noviembre de 1966 en Anaheim, California. El dicho dice que “la sangre tira” y en el caso de Jeff Buckley, fue el talento musical el que supo traspasarse de padre a hijo, pues Marie Guibert tuvo a su retoño como fruto de la relación el cantautor folk Tim Buckley. La corta carrera y la muerte prematura fue algo que también trascendió: Tim fallece en 1975, a los 28 años y conociendo poco y nada a su único hijo. A pesar del abandono, de criarse con un padrastro y utilizar su apellido hasta los 10 años, Jeff Buckley hace su debut frente al público el año 1991 en la iglesia de St. Ann en Nueva York, durante un homenaje montado para su padre biológico y del que se destaca el registro de “Once I Was”, además de la realización de la película “Greetings from Tim Buckley”, que toma esta historia como inspiración para encarnar por primera vez a Buckley en el cine.

Hace pocos días, con la muerte de Leonard Cohen, se suscitaron diferentes listas recordando sus grandes éxitos, y nadie hacía hincapié que el cover hecho por Jeff Buckley de la canción “Hallelujah” se encuentra en una de las mejores rendiciones de aquella composición, considerada por muchos como la versión definitiva y oficial de la canción, por sobre su original del disco Various Positions en 1984. Además de los méritos y la excelencia del cover, “Hallelujah” se encuentra como punto de quiebre del único disco que Buckley lanzó en vida: “Grace”.

Disparando hacia lo tortuoso, delirante y desgarrador que puede llegar a ser el amor, en “Grace” cada verso parece sacado de una tragedia tal de ser capaz de dar su sangre por la dulzura de la mujer que ama (“All my blood for the swetness of her laughter” en la mejor canción del disco, Lover You Should’ve Come Over).

Jeff Buckley es capaz de representar dolor y fuerza al mismo tiempo. Es, porque a pesar de que sean casi veinte años de su muerte, a pesar de que consiguió sacar sólo un disco de forma oficial y que sus demás placas sean recopilaciones póstumas, la grandeza de Jeff Buckley está presente siempre y nunca dejará de estarlo.

Porque a Jeff Buckley hoy sólo podemos dedicarle parte de sus propias palabras. Jeff: It’s never over.

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