Es una de esas noticias que nunca quisiste escuchar y a las que no sabes cómo reaccionar. Te quedas helado, creyendo que es imposible y esperando que nada más sea una broma de mal gusto. Porque nadie se espera la muerte de un ídolo, especialmente del mundo musical.

Hoy nos remece la muerte de Chris Cornell, además de recordar que hace 37 años era Ian Curtis el que se quitaba la vida; mientras que el 2016 estuvo plagado de lamentos al haber perdido a David Bowie, Prince y George Michael. Todos recordamos dónde estábamos y qué hacíamos en el momento de conocer una de estas muertes, porque no hay límites para recordar a aquellos que llenaron nuestras vidas de canciones.

La música llega por casualidad. Te conquista, quieras o no, la dejas entrar a tu vida, en cada momento y en cada lugar. Y después de la música, vienen los ídolos. Colgaste sus pósters en tu pieza, marcando territorio por ellos en un espacio que era tuyo y tu mamá te regañó para que le bajaras el volumen a la música de esa persona en la que encontraste un referente.

Le damos tanto espacio a la música y a esas voces, que nos terminan acompañando por más tiempo del que nos damos cuenta. Te pusiste los audífonos camino al trabajo o a la universidad y perdiste la cuenta de cuántas veces repetiste esa canción que crees está escrita especialmente para ti.

Pero de pronto, esas voces se apagan y no lo quieres creer. En tu mente, los dueños de esas voces, tus ídolos, crearon su propia inmortalidad con su arte que no puedes aceptar de que, físicamente, ya no estés compartiendo el mismo mundo.

Nadie más que uno sabe cómo te puede afectar. Quizás te corrieron un par de lágrimas, volviste a ponerte los audífonos y escuchaste a esa persona que te dejó, así como dejó a millones que están haciendo lo mismo que tu. Te diste el tiempo de compartir tu canción favorita en tus redes sociales y tus amigos comprendieron tu dolor. O no quisiste hacer nada.

Lamentablemente, la inmediatez del internet y las redes sociales le dan espacio a la falsa superioridad moral de algunos, a esos que creen saber como debes vivir tu luto musical. ¿Por qué decirle a alguien cómo sufrir? ¿Por qué dictaminar quienes pueden o no lamentarse de una muerte? ¿Dónde consiguieron esa autoridad?

Nos rodeamos de comentarios quejándose de que están compartiendo mucho la canción más conocida de la banda. Porque claro, hoy al saber lo de Chris Cornell era natural que la mayoría lo recordara con “Black Hole Sun” de Soundgarden, una canción que lleva sonando 23 años y su video tiene casi 80 millones de reproducciones en YouTube. Otros, me atrevo a decir que los más jóvenes, lo recordaron con “Like A Stone” de Audioslave, ambos igualmente válidos, lamentando una de esas pérdidas que cala hondo en la música.

No podemos tener historias con todos los cantantes y bandas existentes en el mundo, sería una tarea exhaustiva, forzada y alejada de toda emotividad. Sin embargo, una muerte no deja de remecer tu día, aunque sea por unos segundos, más aún cuando eres consciente del impacto que esta figura ha tenido en la vida de millones. Quizás no en la mía, pero negar su influencia con comentarios condescendientes es no entender de qué se trata la música.

Llorar a los ídolos es parte de la vida, es algo que a todos nos va a tocar. Si Chris Cornell no lo era, seguramente te imaginaste recibiendo la misma noticia con el nombre de aquel que admiras y te dolió.

La música es capaz de crear tantas inmortalidades, que un ídolo jamás deja de existir y esas voces nunca se apagarán.

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