Corría el año 2012, y los recientemente formados Delatores llegaron a participar a la cuarta versión de “Talento Crudo”, el certamen de bandas más trascendente de la escena emergente de la Región Metropolitana. Con la presencia de Claudio Narea como el jurado principal, el conjunto sanmiguelino se encontró con lo que ellos definen como «el sabor de una constante que tendríamos como músicos independientes: pasar del éxito a la derrota y volver a empezar».

Hoy en día, la banda actualmente compuesta por Marcelo Parra (voz), Nicolás Carvallo (guitarra y piano), Fako Damien D’Large (guitarra), Diego Duarte (batería) y Alejandro Yupanqui (bajo) tiene un catálogo que incluye –pero no se limita a– un EP, un micro-documental/sesión unplugged, dos discos de estudio, y una gira en México.

Primero lo primero, Marcelo. ¿Por qué “Delatores”? ¿”Soplones” estaba ocupado?
(Risas) No, no fue por eso. Siempre nos preguntan esto y es bacán responderlo. Creo que lo que más nos llama la atención es que hay bandas con nombres más raros pero el nuestro causa curiosidad. La verdad es que el nombre se me ocurrió a mi. En ese momento estaba muy pegado con Soda Stereo, analizando sus letras; eran mi banda fetiche de ese tiempo y en paralelo leía algunos cuentos de Edgar Allan Poe. Me gustó esa analogía que Soda hacía del cuento “El Corazón Delator”, en donde, si bien en la historia la culpa hace que el asesino confiese su crimen, Cerati toma la referencia de esa culpa para hablar de una relación que camina en esa cornisa entre el deseo y la desnudez absoluta hacia la otra persona, la cual puede leerte tan bien que no puedes ocultar nada. Cuando lo propuse expliqué que quería que nuestras canciones causaran esa sensación en quien nos escucha, que se sintiese leído, y no de una forma simple y por encima, sino de una forma compleja. Ahí el énfasis en que nuestras letras tienden a ser más densas y no tan literales, ni moviéndose en figuras retóricas livianas.

Eso se nota en “Víctimas del Pánico” (2016), su segundo álbum que en canciones como “Incendios” presenta frases como «anoche con tu imagen desperté: un verso onírico escupí». ¿Quiénes fueron sus mayores referentes al momento de componer su último disco?
En lo que respecta a las letras, fueron escritas entre Nicolás Carvallo y yo, pero inspiradas por vivencias tanto ajenas como personales, pasadas y presentes en aquel momento, inspiradas en miedos o desde lugares incómodos. Hay mucha declaración de principios entre medio, manifiestos como banda, y unas cuantas canciones que sirvieron para terminar de cerrar ciclos personales. “Incendios” y “Lógica para dos” tienen algo de eso, de dejar que la memoria arda, te queme, te duela y se apague. En la parte musical fue tan diversa que desfilaron entre medio desde Camilo Séptimo, los Red Hot Chili Peppers, We Are The Grand, Ases Falsos, Arcade Fire, Frusciante, y otros más permanentes en nosotros. No quisimos limitarnos como pasó con “Reverberaciones de la Memoria” (2014), nuestro primer disco de estudio, en donde estuvimos hasta el último momento escuchando detalles de esas bandas mencionadas para meter arreglos de voces, sintetizadores, guitarras o cuerdas.

El sitio “Rock Activist” resume su propuesta como algo similar al «brit pop de los ’90; la música garage, y el rock latino de los ’80». ¿Sienten que este tipo de definiciones podrían limitar o ir modelando de manera indirecta el camino de la banda?
No, las etiquetas o clasificaciones no es algo que nos preocupe. De cierta forma son necesarias para introducir a alguien que no nos conoce en nuestra música, pero ya estando adentro se puede dar cuenta que cada canción tiene referencias que se pueden escapar del brit, o del garage o del rock latino de los ’80. Hay gente que nos ha escuchado por azar y que les ha gustado muchísimo la banda aunque no escuche a Placebo, u otros que pensaban que por leer que sonamos como «rock latino» no podíamos tener tintes más pesados o darle tanto protagonismo al sinte. Hoy en día no está tan marcado eso que pasaba en los ’90 de decir «yo soy metalero / yo soy brit / yo escucho industrial», no sé. Nosotros mismos nos hemos ido permeando de música que antes no escuchábamos y ahora sí, sacamos recursos y detalles que nos seducen al punto de querer agregarlo de alguna forma en lo que vamos construyendo.

Hablando de construcción, ¿creen que su participación en “Talento Crudo” resultó ser el puntapié inicial para la formación de su carrera artística?
Sí, de todas formas. Fue gratificante cuando Claudio Narea dijo «en realidad no nos costó mucho decidirnos por el ganador», nos hizo sentir que ensayar horas ese tema a presentar había tenido su fruto, pero a las semanas nos sentimos en el suelo cuando la misma canción –mucho más pulida y con más fuerza– no había sido suficiente para el jurado de la finalísima. Ahí aprendimos que nos iba a pasar eso siempre en diferentes intensidades y niveles. Hoy no es un concurso, hoy es la recepción de un segundo disco, que un bar no te pesque, que salga una reseña motivante en México sobre tu trabajo, que un blog nacional no conteste tu inbox, sonar en radios regionales, que no te pasen siquiera a las 02:00 A.M. por la radio FM santiaguina, que toques en la SCD con mucho público, que a la semana siguiente te vean 10 personas en un bar con un escenario de 2×2, y así. Va cambiando el nivel sobre el cual te mueves, somos agradecidos de poder ir escalando, pero la frustración y la alegría siempre serán una constante mientras estemos metidos en esta pelea que nos enamora, en este romance de ser músico independiente y empujar las fronteras.Artistas como Jorge González, Juan Antonio Labra, y Gepe demuestran que San Miguel ha sido cuna de algunos de los cantantes más queridos por distintas generaciones chilenas. Al momento de presentar su propuesta musical, ¿sienten el peso de estos artistas sobre sus hombros?
No, nunca lo hemos sentido. Quizás al principio, pero hoy en día no. Ya no sentimos tampoco ese abanderamiento ferreo con San Miguel; seguimos teniéndole cariño, pero San Joaquín ha sido un protagonista de nuestra historia apoyándonos constantemente, sobre todo el área de cultura de la comuna se ha portado un siete con nosotros, personalmente me hace sentir orgulloso de la comuna en que vivo. En lo que respecta a ese «peso», el único peso con el que cada uno carga es con las expectativas grupales e individuales, con la inversión de tiempo y cariño que le hemos puesto a Delatores. La hemos sufrido tanto en la interna, hemos pasado por tantos altos y bajos juntos, que sería casi injusto no poder lograr algo. Sabemos que el juego es así, y que muchas veces el azar es el que decide a quién le toca o no, pero trabajamos a diario para acorralar al azar y obligarlo a que nos elija, y poder sentir que lo logramos.

¿Qué opinan de la actual escena musical de su comuna?
Creo que en San Miguel florecen un montón de bandas siempre, hay un sello ya establecido que tiene su propio catálogo de artistas y se va moviendo. Veo una falta de espacios eso sí que promueva la gestión de shows más allá de tocatas familiares en plazas o eventos grandes que ocurren dos veces al año. Faltan lugares donde un jueves o sábado en la noche se puedan ver bandas en vivo. Para la tradición musical que carga la comuna, me impresiona que no sea un lugar donde pasen cosas. En lo que respecta a San Joaquín, es una comuna que ahora construye su escena: crearon el primer sello comunal de Chile hace casi 2 o 3 años, poseen un centro cultural gigante con una cartelera artística nutrida, sacan el escenario a las calles montones de veces al año en diferentes instancias y se está armando esa red. Creo que lo único que falta es que las bandas podamos tener más comunicación entre sí y hacer cosas juntos.

¿Cómo se han visto envueltos en la escena nacional?
Honestamente, nos cuesta sentirnos parte. Nos entristece que bandas de nuestro estilo tengan tan poca cabida en la escena actual, y cuando hablamos de escena involucramos a radios, prensa, blogs, escenarios. Es una pena grande que bandas con las que partimos –Poliester, Telepathic No, Carnada, por nombrar algunas– hayan desaparecido o disuelto por la falta de presencia. ¡Es super triste! Es demasiado charcha porque no fue por falta de méritos, sino porque «no está de moda el estilo», porque no puedes entrar a todos los espacios, y los pocos que quedan son mezquinos, y los que se autogestionan por sí solos ya tienen un círculo de amigos que no se mueve de ahí. Finalmente, no todos los públicos te oyen y no en todos los escenarios tu propuesta va a ser coherente. En un principio pensábamos que éramos nosotros el problema, que nuestro trabajo no estaba bien, pero cuando en Argentina eligen tu banda como una de las propuestas más atractivas del país, cuando en México programan tu música en emisoras independientes sin preguntarte o cuando publican que tu single está dentro de las mejores 50 canciones del año, o te invitan a festivales extranjeros, el asunto es otro, es tal vez que falta más difusión, o que hay que insistir más, que se yo, pero no es que tu música esté mal o no estés trabajando duro. Nuestros más grandes amigos acá han sido los blogs y radios –regionales sobre todo– mas atrevidos y menos complicados, sin tanta burocracia de por medio, y aún así hay muchos espacios que funcionan de forma autónoma que les cuesta un kilo abrirse a, al menos, responderte un inbox.

En 2015, y ad portas de su gira a México, le comentaron a la Revista “Kuadro” que veían el viaje como una especie de trampolín. ¿Les salió el salto de la manera que esperaban?
¡Que estudioso! (Risas). Había olvidado esa entrevista. Yo diría que sí y no. Por un lado salpicó mucho para acá, y nutrió el curriculum de una forma que produjo que nos miraran con más seriedad, que no era un hobbie frívolo y plano, sino que había corazón, compromiso y talento. Pero por otro lado, se abrió una especie de brecha que nos separó de la escena nacional: tenemos pocas bandas amigas, somos generosos invitando a tocatas pero no siempre devuelven la mano y a pesar que intentamos mantener la buena onda se corta rápido. Algunos medios engancharon mucho y pusieron oreja, pero otros no contestaron más después del viaje y no tenemos idea el motivo. Con México la relación siguió y queremos volver, pero tenemos una deuda gigante con salir más acá, con viajar a regiones y que el salto no siga ocurriendo solo acá afuera, sino también acá en casa.

Con más de cinco años desenvolviéndose en distintos escenarios, ¿qué le espera a “Delatores” este 2017?
Con cinco años y dos meses, esperamos que este año sea explosivo, tenemos esa sensación rondando hace un tiempo. ¿Te digo la verdad? Estamos en un punto en que las cosas deben pasar. Es extraño que cuando haces un disco de cierta forma refleja mucho lo que te pasa como músico y terminas delatando y echando luz a muchas cosas que pasan adentro. Somos víctimas del pánico y solo tenemos dos opciones: agarrar valor y tocar mucho, concretar el videoclip, salir a regiones, compartir escenario con bandas de mayor exigencia y experiencia, o quedarnos quietos y esperar que algo pase, que el pánico nos paralice y nos llene de miedo y termine acabandose todo esto. Estamos apostando todo por jugar con la primera opción y nada, a seguir empujando. Morir sin rencores hacia sí mismo, así queremos llegar a viejos.

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