Decir que la música chilena ya no es la misma de antes no es ninguna novedad. En diez años, nuestro rock & pop nacional creció a pasos agigantados  y era momento que esto quedara escrito en algo más que una hoja de diario o un blog. Ese fue el plan de Manuel Maira, uno de los periodistas especializados en música más hiperactivos en la actualidad, que con sus múltiples labores en medio escritos, radio y televisión, ha visto de cerca el crecimiento de un fenómeno que quiso inmortalizar en “Canciones del Fin del Mundo: Música Chilena 2.0”, libro editado por Ril Editores hace sólo unas semanas.

En los testimonios de 15 bandas y solistas del 2000 (Alex Anwandter, Ana Tijoux, Astro, Camila Moreno, Dënver, Fernando Milagros, Francisca Valenzuela, Gepe, Javiera Mena, Latin Bitman, Los Bunkers, Manuel García, Nano Stern, Pedropiedra y The Ganjas) se relatan las historias que dieron vida al movimiento actual que ha dado nuevas energías a la música made in Chile y que se proyecta cada vez más al extranjero. Conversamos con Maira sobre sus ideas del fenómeno, su trayectoria, nuevos discos y la concepción de este libro que se presentará en sociedad este viernes 9 de noviembre a las 20:00hrs con las presentaciones en vivo de Dënver, Astro, Camila Moreno y Fernando Milagros. (Si quieres asistir gratuitamente, descarga la invitación aquí. Naturalmente, el libro estará a la venta ahí a $10.000)

¿Cómo surgió la idea de escribir este libro? ¿Algún texto que te haya dado el impulso?

La verdad que no, yo igual de libros no soy tan lector, lo que sí leo harto es revistas, diarios. De libros leo cosas, pero que tienen que ver con la realidad, la no ficción.  Fue como más que el movimiento me llevó a querer registrarlo, como estaba sintiendo que hace rato habían muchas cosas acá que valían la pena y que no se había hecho nada al respecto, sobre todo me picaba un poco el orgullo de que venía desde el diario El País la única cosa que se había hecho, desde afuera. Entonces, tiene que ver un poco con lo chaquetero que somos nosotros o con mirar muy para arriba lo que viene de afuera y no mirarse a nosotros que, en este caso en la música, se están haciendo cosas súper buenas.

¿Por qué quisiste resumir la música de sólo los años 2000 en esas 15 bandas y solistas?

Porque sentía que era una camada súper fresca, que estaban haciendo muy buena música y que estaban lográndolo todos con códigos similares (entre ellos). Vi una generación ahí como súper común, muy hermanada, con códigos compartidos y también, yo tenía una sintonía súper fina con ellos porque también son generacionales a mí. Yo no soy músico, pero quizás yo también comparto códigos con ellos en cómo mirar un poco el mundo, de forma desprejuiciada, incorporando las nuevas tecnologías, de hacerse un poco a sí mismos, en ese sentido los veía cercanos. Me tocó muchas veces entrevistarlos, verlos mucho en vivo y sentía que ahí había algo potente y que quise compartirlo y agruparlos.

Como lo de bajar música en Napster desde un módem por teléfono…
Claro, porque ahí también fue como una revolución, como alguna vez debe haber llegado la luz o ese tipo de inventos que te dan vuelta. O sea, que llegó Napster un día y pudieras bajar música, da lo mismo lo que se demorara entonces, pero podías bajar la música que quisieras, que pudieras googlear una letra, que antes si no tenías el disco no sabías o nunca supiste lo que decía tal canción que te gustaba, fue una revolución gigante que nos dio vuelta a todos los que más o menos crecimos entre los ’90 y los ’2000, y nos fuimos formando, fuimos teniendo acceso a música súper diversa y que la teníamos a la mano, como que finalmente uno se fue transformando en el propio editor de la música que te gusta y no los grandes medios, como siempre ocurrió. Eso altera al tiro la manera de hacer una carrera en los músicos, ya el piso es otro, como un gran terremoto y que se parte todo de nuevo. 

 ¿Algún disco que hayas bajado y que te haya marcado de por vida?

Lo que yo hacía era bajar muchas canciones, a pesar de que me gusta mucho el formato el formato de disco. Me acuerdo que fue la revolución de Napster, bajar mucha música y eso se cristalizó cuando llegó el copiador de CDs. Me acuerdo que yo ahorré plata, me compré un copiador como el 2001-2002 y hacía compilados, porque en ese tiempo yo empecé a poner música como DJ, al principio en cumpleaños de amigos de la U, hacíamos dupla con el Humberto Sichel que éramos amigos en la U, a los dos nos gustaba la música y poníamos dos Discman, un mezclador al medio y poníamos música, era el Denon más primario de todos. Y ahí empecé a copiar mucha música, bajaba hits como de los ’80, ’90, de todos lados, música electrónica, con ningún criterio editorial, solamente el criterio es que fuera hits para mí y probablemente para la mayoría de la gente.

De ahí se viene esa mano desprejuiciada que también compartes con los artistas chilenos de esta época…Totalmente, los mismos entrevistados me decían que Internet como que les ayudó a asumir todos los gustos musicales, que a veces iba desde la canción del verano, que siempre es una basura de música, pero que por ahí marcó quizás un verano de algunos de los músicos…

Cómo “Baby Baba” de Kelly K
Claro, que lo encuentro notable que Alex Anwandter la pone en fiestas y queda la cagá. (en el libro, Alex relata que ponía música en fiestas de amigos y que en el caso del hit de Kelly K “es bacán porque suena y todos los de mi generación se vuelven locos porque nosotros no teníamos prejuicios”. Pag.18)

Tenías algún caballito de battalla en esos disjockeos?
Sí, ponte tu “ Rapper’s Delight”” de ”The Sugarhill Gang o “Groove is in the heart” de Deelite… no me gustaba poner como tan obvio como Madonna y esas cosas, pero eso siempre funcionaba bien, o “Disco 2000″ de Pulp. Esos funcionaban siempre. Cuando salió ponte tu “Dare” de Gorillaz también, que era como rico mezclarla.

¿A qué crees tu que se debe este desprejuicio más generalizado de los artistas?
Yo creo que en esta generación hay mucho menos ego que antes. Antes cada uno un poco cuidaba su parcela, incluso no se conocían con los otros músicos, no era una gran comunidad, algo que compartieran más allá de toparse en algún escenario por ahí. Acá hay una gran diferencia, hay mucho menos ego o está más controlado y ellos ven que si ellos colaboran con el otro es algo que les puede sumar y por eso que tanto, todos los entrevistados tienen por lo menos dos vínculos directos profesionales o colaboraciones con alguien, hacen canciones, videos. Ven que esto suma, y yo creo que es así de todas maneras, que hay públicos de un artista que se van sumando con el otro a través de colaboraciones y es una mirada súper inteligente de parte de los artistas y que bueno que sea así, que haya menos ego si al final es como algo que sirve mucho para alimentar las leyendas o las biografías, pero en el día a día no es bueno el ego para cualquier tipo de cosa.

¿Algún artista que piensas que quedó afuera?
Eso pasa, como me pasa con el libro. Había un momento que tenía que entregarlo y si no había esa fecha, yo le hubiese cambiado todo el rato cosas, pero también me di cuenta que tenía que soltarlo en algún momento, si no iba a ser como el Chinese Democracy de los libros (risas). Hay hartos detalles, yo lo leí completo una vez y todavía no he querido leerlo de nuevo por lo mismo… uno lo haría de otra forma quizás, pero en general estoy contento, es súper cercano a lo que yo quería, es parte de lo natural de entregar un libro supongo yo.

¿Fue un ofrecimiento a la editorial o una invitación?
Fue un proyecto mío que ofrecí, una idea que se me ocurrió y que a ellos yo los conocía por otra idea de libro que no llegó a puerto, y en esa idea ya había iniciado conversaciones con la editorial. A raíz de eso se me ocurrió esta otra. El otro era un proyecto muy colectivo, muy grande, era como un libro objeto que son caros, entonces dependía de muchos factores, de plata, de los colaboradores, además de mis ganas de hacerlo. Entonces a raíz de esas conversaciones empecé a hacer entrevistas.

Ojalá que llegue algún día ese proyecto ¿Te resultó más cómodo hacer “Canciones del Fin del Mundo”?
Yo prefiero trabajar manejando yo los factores, que en este caso fue así, yo hacía las entrevistas y las escribía con la ayuda de Sandra Gutiérrez en la producción, periodista que trabajó en la revista RollingStone Chile, y que fue también un apoyo súper grande para poder sacarlo.

En la Introducción te refieres a una especie de nueva camada que está en alza, como Jiminelson, Protistas, Ases Falsos… ¿Harías una segunda parte?

Ahí yo hago un mea culpa y me gustaría haber mencionado también a Como Asesinar a Felipes, que no están y que ahora aprovecho de sumarlos. No sé, hay conversaciones informales con la editorial que me han planteado un poco eso, me gustaría hacer otro libro igual, pero siento que este está redondidito, como que los otros nombres vienen bien y todo, pero creo que les falta algo más para poder cristalizarse.

¿Cuál fue el criterio para la selección de las bandas y solistas del libro?

Un filtro grande fue, aparte que estén del 2000 y que crea que tienen buena música, el filtro importante fue decir que sean artistas que hayan salido de Chile, que esté pasando algo con ellos afuera, que hayan publicado, que estén tocando fuera de Chile más allá de una invitación de alguna vez, que estén tocando regularmente, viajando y ahí se acortó la lista a estos 15 inmediatamente. Todos esos nombres que a mí me parecen buenos como Ases Falsos, Jiminelson y un montón de otros no están por eso, ojalá que más adelante lleguen a salir afuera y lleguen a ser tan sustentables como estos otros que sí viven de la música, que están más asentados, con todas las dificultades… no digo que estos ya estén consagrados, pero sí ya están en un nivel que pueden vivir de la música, pueden salir a tocar, que están siendo invitados, están sustentables, con gente, harta gente que los quiere escuchar.

¿Cómo definirías este libro, ya que no son simplemente entrevistas? Creo que mucha gente que no sabe mucho que está pasando, puede aprender mucho con este libro.
Que bueno que sea así, a mi me cuesta verlo un poco desde fuera. Al principio, la idea era mucho menos ambiciosa de lo que fue, era mucho más sencilla. Yo pensaba tomar 10 entrevistas, tenía hechas varias de ellas, como que hice una lista mental de nombres que son destacados de esta generación (…) al final, empecé a revisar porque tenía que haber criterios para ver porqué está tal y no otro, para que sea bien limpio. En esos criterios me quedaron 15, revisé las cuatro entrevistas que tenía y no servían para un libro, eran demasiado puntuales. Todo bien con los que editan libros con entrevistas, pero en este caso no servían, y obviamente le da mucho más valor un material que se presenta solamente en un libro, que no haya sido visto en otro lado.

Y claro, era mi primer libro y quise hacerlo bien, hice las 15 entrevistas desde cero, había un deadline que era septiembre y calculando sí se llegaba (nota: el autor demoró cinco meses en realizar este libro), porque yo tenía el ritmo del diario, que si tu te pones una fecha no te puedes pasar de esa fecha. Le di para adelante no más y era también bueno que fueran también entrevistas unitarias, porque eso te da la posibilidad de terminar como los capítulos de a uno y entregarlos, porque si fuera en un sólo texto yo creo que estaría aún en 1/4 del libro.

Y si tuvieras que definirlo en un concepto…

Yo creo que es una fotografía de la primera generación de músicos independientes que lo logra. En resumen, creo que es eso, que son los primeros que pueden hacerlos en el nuevo orden, desde la independencia, la autogestión, la era del Internet si queremos llamarlo así.

Una pregunta ya en el plano de tus pegas como periodista. ¿Qué música este año te ha parecido interesante?
Estoy súper pegado con dos discos chilenos. Primero, el deAses Falsos (Juventud Americana, 2012) que me parece que tiene lo que le faltaba antes al proyecto, que era un poco como de grabar bien, tomárselo en serio. Ojalá que lo vean así también, yo creo que depende mucho de ellos porque las canciones, por lo menos las que están en ese disco, son súper buenas. Siento que ahora tienen como más claro el objetivo, antes eran muy como el Mago Valdivia (risas) que tenían el talento pero se iban de carrete, no lo digo en forma literal pero no se lo tomaban en serio, no hacían toda la pega que se tiene que hacer para poder ser popular o que esas canciones lleguen a la gente, que esos discos lleguen, y siento que ahora por lo menos, tienen el disco perfecto para que eso llegue a ocurrir, va a depender de ellos trabajarlo, de poder enfocarse.

Yo no estoy de acuerdo con que ellos repitan en cada entrevista que no harían nada con el Fondart, por ejemplo. ¿Por qué no? si hay un dinero ahí para hacer un arte que no lo va a interferir, al contrario, va a poder ayudar a que ese disco salga o que esa gira se haga, es bueno. Entonces, que ellos ojalá aprovechen los medios que hay. Si en algún momento a ellos se les acerca una marca, como se les acercan a muchos de los artistas que están en el libro, que aprovechen de sacar su música a la mayor cantidad de gente, si al final cada músico que está en esto, todos quieren llegar a la mayor cantidad de gente, sino todo no tiene ningún sentido, tendrían que hacer música en el living de su casa y no salir de ahí.

El otro disco que me gusta mucho y que salió recién es el de Gepe (GP, 2012), que para mi es el mejor disco de todos, de los cuatro. Me encanta, creo que se la jugó también por incorporar nuevos ritmos, hacer mezclas súper poco convencionales de mezclar música andina a veces como con rap, con reggaeton incluso, que le funciona bien, es súper talentoso él y que también muestra la otra faceta de Gepe, ese pop melancólico, pop más de guitarra. Está muy bueno, me gusta prácticamente completo.

¿Y música de afuera?
En general, hay tanta música que me cuesta agarrar todo, es imposible. Pero… Likke Li me gusta harto, The National, no son cosas tan nuevas, pero como que igual le doy un tiempo a la música para poder escucharla. Hay mucha gente que se vuelve loca con la última cosa que sale, sobre todo en algunos nichos muy entusiastas que creen porque es nuevo va a ser bueno, y es al revés. Creo que de toda la música que hay, la minoría es buena, entonces no vale la pena creo yo en esforzarse tanto en tratar de descubrir antes algo, prefiero llegar un poco más tarde, pero llegar bien.

“Canciones del Fin del Mundo”. Manuel Maira. RIL Editores. 
A la venta en librerías de Chile a un precio referencial de $9.900 

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