Nine Inch Nails es de esas bandas que tiene un estilo marcado, fácilmente reconocible. Si bien, muta de disco en disco, siempre el centro está en la dialéctica entre guitarras sucias y la oscuridad electrónica de sintetizadores y cajas de ritmo. Esta fórmula ha hecho que Trent Reznor, cerebro del proyecto, haya logrado algo que algunos artistas tardan en conseguir o nunca consiguen: identidad. 

Este nuevo corta duración titulado Add Violence (2017), antecedido por otro EP, Not The Actual Events (2016); resalta lo explicado en el primer párrafo. Reznor no sacrifica su identidad frente a la nueva música. Si bien, el oriundo de Cleveland es un artista inquieto, no tranza los principios que definen su obra, no desiste de una carrera larga, prolífica y de las influencias que lo hicieron empezar a componer.

Yendo más concretamente al EP, Add Violence (2017) es un disco que avanza entre senderos atmosféricos. No obstante, este sonido etéreo es el de una performance ambiental y claustrofóbica; densidad, oscuridad y pesadez enmarcada en un horizonte electrónico. A esto, sumarle guitarras drone, con riffs repetitivos y sucios en que se ve cierta similitud con el black metal.

Less Than, la canción que abre este corta duración, da un inicio enérgico antes de entrar en la sensación de decadencia que busca transmitir el disco. Sintetizadores omnipresentes, Reznor cantando con una rabia de dientes apretados y las guitarras dándole una profundidad increíble, capa tras capa de distorsión. Sin embargo, es el tema más radial del disco. El siguiente corte, The Lovers, tiene un aire más calmo en que podemos apreciar las facultades de cantante de Trent Reznor, con su voz tras la instrumentación.

This Isn’t the Place recuerda un poco a la época de The Downward Spiral (1994), la obra maestra de la banda. Un ambiente depresivo e introspectivo, con un piano marcando durante todo el track, aplicando una sensación de tensión máxima. Not Anymore arremete con un Reznor furioso; guitarras y sintetizadores en comunión para formar un espiral de distorsión del que los oídos no pueden escapar. La pista final del disco, The Background World, es la que más recursos sonoros recoge y en la que NIN se da un gusto por experimentar. Pianos, bajos distorsionados, guitarras rayando en la cacofonía son el condimento para un final arrollador, en que un sonido noise noquea a quien lo escuche .

En resumen, Nine Inch Nails presenta un trabajo en su línea, sin abandonar el nicho que los hizo tan innovadores a finales de los 80: la perfecta unión entre guitarras y sintetizadores. No obstante, Reznor apostó fuerte por un trabajo más íntimo y con mayor juego con la experimentación. Tanto en los senderos rockeros como electrónicos no busca el hitazo, no busca contentar al público; su intensión es hacer música desde la densidad de sí mismo, desde las emociones y su expresión artística. Punto aparte es el formato de la placa, puesto que el EP parece sentarle bien a Trent Reznor, quién en cinco canciones tiene lo suficiente como sostener un trabajo notable.

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