-Oye, ¿por qué la lucha libre se puso de moda de nuevo?

Esa fue la pregunta que me hicieron hace un tiempo. Y es que uno no puede dejar de preguntarse si alguna vez estuvo fuera de moda, pero ¿qué pasa que hoy volvió a esta en boca de todos?

Era 1998 y La Red comenzaba con las transmisiones de lo que se convertiría en un fenómeno: la WWF. En ese entonces la WWF (World Wrestling Federation), hoy WWE (World Wrestling Entertainment), llegaba a las pantallas chilenas durante los fines de semana y a pesar de los meses de desfase, fueron miles y miles los fanáticos que encontraron en la lucha libre algo nuevo. Logramos sorprendernos con historias y finales de pelea sucedidos meses atrás, porque éramos de una época donde la conexión a internet era bastante incipiente en las casas chilenas y si querías saber algún spoiler, primero tenías que escuchar los quejidos de un robot a medio morir y darte el tiempo que el bolsillo de tus papás muchas veces no aguantaba.

La Attitude Era fue la etapa de esta gran compañía de entretenimiento deportivo que conquistó a miles de fanáticos en nuestro país. Porque todos alguna vez intentaron hacer la paralizadora de Stone Cold, el pedigree de Triple H o la muralla de Jericho. Más desafortunadas fueron las víctimas que tuvieron que aguantar a sus amigos imitando las movidas de Rikishi. ¿Quién no quiso levantar la ceja como The Rock y oler lo que, el hoy actor de Hollywood, estaba cocinando? Esperamos que jamás hayan intentado imitar a Mick Foley cayendo desde las alturas de la celda infernal frente a la leyenda de The Undertaker, uno de los momentos más legendarios de aquella era. Interminable es la lista de luchadores que se ganaron el aprecio y el odio mientras veíamos como sus historias desfasadas se desarrollaban en las televisiones gordas de principios del siglo XXI. Si me preguntan a mi, siempre quise volar como Lita.

Fueron años en que la lucha libre se “desapareció” para la mayoría, más no para sus fans. Una nueva etapa que traía a nuevos luchadores a un ring, del que de a poco la edad, la muerte y las tragedias iban retirando a las figuras que alguna vez vimos brillar en La Red. La muertes de Eddie Guerrero y todo lo que envolvió a la partida de Chris Benoit aún duelen y resuenan en la memoria de los seguidores de la disciplina.

Hoy, una nueva camada de expertos en el entretenimiento deportivo se toman el ring cada semana, y son varios los factores para que la lucha libre “este de moda de nuevo”, como he escuchado varias veces.

Las opciones y vías de transmisión para ver los programas semanales y los PPV son mucho más variadas. Ya sea a través de la contratación de la WWE Network -el “Netflix” de la WWE, donde puedes encontrar antiguos PPV y programas especiales-, de las transmisiones por Fox Sports los lunes y martes o por el nunca olvidado y siempre valorado streaming, es mucho más fácil estar al tanto de lo que sucede en el mundo de la lucha libre.

En julio pasado, se llevó a cabo un draft, que separó a todo el roster de luchadores en las dos marcas de fama mundial que ostenta la compañía de Vince McMahon: RAW y SmackDown. Que cada marca tuviera su propio reparto de luchadores también aportó a que aquellos que muchas veces quedaban olvidados o no se les daba una storyline decente, tuvieran más de alguna oportunidad, ya sea en la marca roja de los lunes o en la azul de los martes.

Otra de las marcas que ha tenido un considerable auge es NXT, conocido como el territorio de desarrollo de la WWE, la división donde los luchadores hacen carrera antes de subir a las “grandes ligas” de Raw o Smackdown. Por aquí han pasado gran parte de los luchadores que hoy se disputan los grandes títulos de las marcas principales, como las actuales campeonas femeninas, BayleyAlexa Bliss.

De ser el segmento “para ir al baño”, las luchas femeninas han pasado a tener un protagonismo nunca antes visto. Incluso un cambio en el cinturón y en el nombre que recibían las luchadoras las ha elevado a otra categoría, pues de disputarse el “Divas Championship” y ser reconocidas con ese apelativo, pasaron a pelearse el “WWE Women’s Championship“, dejar de lado el lado “glamoroso” de las divas y ser tratadas de igual a igual con sus colegas hombres. Hoy , tanto hombres como mujeres en la WWE son “Superstars“. Si en la Attitude Era los principales referentes eran Lita y Trish Stratus, hoy nos faltan dedos de las manos para contar a las mujeres que sirven como referente para las nuevas generaciones.

Además, la caza de los mejores talentos de otras compañías -no tan multimillonarias como la WWE- ha logrado encender y atraer a los más conocedores del entretenimiento deportivo. Junto a esto, tenemos los anhelados regresos de estrellas que supieron brillar en el pasado, a los que aún les queda carrera por entregar; el mejor ejemplo en la actualidad son las brillantes promos de Chris Jericho cada semana.

Porque la nueva generación que tomó las riendas serán los que en 15 o 20 años más estarán siendo inducidos al Hall of Fame, serán los luchadores con los que se correrán rumores del ansiado regreso y serán los mismos que dejarán al público extasiado con el solo hecho de hacer una aparición sorpresa.

Pero aún estando en el año 2017, seguimos tolerando a ese genio, que con todo el aire de superioridad y sapiencia, desplega un argumento digno de niño de kinder: ¿Sabías tú que la lucha libre es falsa? ¿Tu cachai que ellos saben de antes quién va a ganar y quién va a perder la pelea?

¿En serio? ¿Es falsa? Wow.

No creo que las lesiones y las contusiones que llevan al retiro sean tan falsas, pero si, si sé que está “todo arreglado”. Todos sabemos, pero aún seguimos viendo. Porque nos gusta, porque a muchos les apasiona. Nos entretiene, nos desconecta. A los que comenzaron viendo el 98, nos traslada a nuestros años de adolescencia, a los que comenzaron a ver hace poco, les entrega nuevas historias que seguir.

Y por mucha que sea la frustración de los resultados más obvios, el malestar por ver que ese luchador que no te gusta está teniendo un protagonismo que no se merece y por mucho que tus expectativas no se cumplan, siempre volvemos. Cada semana, volvemos. Por un nuevo movimiento, por nuevas declaraciones y nuevas rivalidades, volvemos. Y no nos vamos a ir.

 

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