Mientras el panorama televisivo de hace diez años estrenaba series memorables en distintos géneros, que tras sus múltiples temporadas han marcado uno u otro hito en la pantalla chica –Mad Men, The Big Bang Theory, Gossip Girl-, Pushing Daisies se mantiene se mantiene como una puesta en escena única en su estilo. Con la muerte como uno de sus ejes principales, la serie supo llenarse de vida por las, apenas, dos temporadas que duró.

Salida de la creativa mente de Bryan Fuller (Dead Like Me, Hannibal, American Gods), Pushing Daisies tiene como protagonista a Ned (Lee Pace), quien a los nueve años descubre que en sus manos tiene el poder de revivir a los muertos con un solo toque de sus dedos. Pero así como ya lo diría un conocido tío de superhéroe, esos grandes poderes resultan en grandes responsabilidades, especialmente en las manos de un niño.

Si Ned toca a un muerto, lo revive. Si lo vuelve a tocar, regresa a la muerte, esta vez para siempre; además, si dentro de un minuto no vuelve a tocar al revivido, alguien más deberá morir en su lugar. De esta forma, y sin saberlo inmediatamente, Ned le entrega la muerte definitiva a su propia madre y al padre de su vecina y amor de infancia, Charlotte “Chuck” Charles (Anna Friel).

Los años pasan y el poder de Ned se convierte en un “emprendimiento”. Asociado con Emerson Cod (Chi McBride), un curioso detective privado, se convierten en visitas ilustres de la morgue, resolviendo las muertes que tengan jugosas recompensas. Además, no es sólo la muerte humana la que Ned puede resolver con un minuto, sino que la fruta descompuesta también cobra nueva vida para ser parte de los pasteles que vende en su negocio, “The Pie Hole”.

Todo cambia cuando la misteriosa turista muerta en un crucero resulta ser Chuck, su único amor. Ned decide mantenerla con vida, aunque eso signifique no volver a tocarla y cobrar la vida de alguien más en su lugar. Según Fuller dijo a Vanity Fair, el que Ned y Chuck no puedan tocarse a pesar del amor que sienten el uno al otro, refleja la realidad que por mucho tiempo se adueñó de su diario vivir, tras asumir abiertamente su homosexualidad en una época llena de temores y prejuicios, y donde a partir de la desinformación sobre el VIH/Sida, era común decir que tocar a un ser querido se consideraba un riesgo.

Una historia que se narró con elementos inconfundibles y que mantienen a la serie como una de las producciones más añoradas por sus fans. La fotografía de Michael Weaver junto a la narración de Jim Dale se convierten en parte de los extravagantes protagonistas, logrando una grandilocuencia que recuerda a películas de Tim Burton, o incluso a la francesa Amélie.

Durante las dos temporadas que la tuvo en pantalla hasta el año 2009, Pushing Daisies tiene como tema principal a la muerte, pero mucho más que como el fin de un ciclo, sino como una nueva vida y oportunidad después de que algo se acaba. De cómo la infancia de Ned y Chuck ve su fin el día en que mueren sus padres, pero abre un nuevo episodio con el primer beso que ambos comparten mientras se alejan del funeral de sus progenitores.

O de cómo la muerte es la que da a Chuck la oportunidad de vivir por primera vez, alejada del claustro en el que creció junto a sus dos temerosas tías. A esta nueva vida, se agrega una misión no menor, pues tras unirse al equipo de Ned y Emerson, la aventurera Chuck decide cumplir con la última voluntad de cada fallecido cuya muerte significa una recompensa. Un nuevo objetivo con el que se encarga de dar un cierre a aquellas vidas, uno que ni ella misma logró tener en su vida anterior.

Y aunque la pantalla chica ya le dio el toque final, Bryan Fuller no se rinde en usar su toque mágico para traer a Pushing Daisies de vuelta a una nueva vida. En el décimo aniversario de su estreno, el creador de la serie ha declarado que una de las formas de que el público vuelva a ver la historia de Ned y Chuck, sería un musical de Broadway. No sería casualidad, pues el elemento musical siempre estuvo presente en la trama, a través de personajes como Olive (Kristin Chenoweth) y una de las tías de Chuck. Quizás este es uno de los casos más difíciles de resolver para Fuller, con una recompensa que sería para morirse.

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