Ad portas de su visita a Chile para presentarse en el Festival del Huaso de Olmué y en Gran Arena Monticello, queremos repasar el nuevo trabajo de Residente. Tras el receso de Calle 13, decidió adentrarse en su proyecto solista. El resultado es un disco, un libro, y un documental que pueden encontrar en Netflix. Todo lo anterior trata sobre la aventura que emprendió el puertorriqueño para encontrar sus raíces.

Una prueba de ADN para saber quién es lo llevó a viajar por lugares que el mundo a veces intenta olvidar. Zonas apocalípticas, un estado constante de guerra y la desolación de la pobreza marcan el camino de René Pérez Joglar, en su álbum que lleva por título Residente.

El disco parte con la intervención de Lin-Manuel Miranda, su primo en tercer grado, quien cuenta la historia de cómo conocieron su parentesco. En seguida suena “Somos Anormales”, discurso que da cuenta de la dirección y el leit motiv del puertorriqueño, quien ha declarado que al ser mutantes la vida persiste. Además se atreve a sumar ritmos tribales, que será un elemento recurrente en el disco, y lo entrelaza con su lírica urbana, siendo así el primer golpe certero.

“La mitología quería que fuéramos perfectos Hasta que la realidad nos convirtió en insectos”. En “Una Leyenda China”, Residente toma las leyendas orientales sobre los dragones y las deconstruye, ahora es un pequeño saltamontes quien escupe fuego. Además toca el tema de la fecundidad y sexualidad en este país, uno de los más sobrepoblados del mundo.

El viaje llega hasta África con “Dagombas en Tamale”, canción potente que retoma esa festividad rebelde que aparecía en el primer single. No parecen haber puntos bajos en el disco, “Desencuentro” cambia el ambiente a uno más personal e íntimo, donde se reduce la potencia, aunque la intensidad sigue siendo la misma.

Residente viajó a una zona de guerra eterna, donde visitó Chechenia, Osetia y Georgia, países en conflicto y con una muy poca cobertura mediática. Ahí es donde grabó la brillante canción “Guerra” junto a un coro checheno y una banda georgina, quienes a pesar de la enemistad que los distancia, durante 5 minutos la música los unió.

Ahora es cuando es hora de ponerse el cinturón de seguridad, porque la velocidad, y el impacto que el puertorriqueño entrega en “Apocalíptico” es abrumante. Una canción catártica e impactante, que se suaviza con el coro interpretado por una cantante china. Residente escribió este tema en su viaje a Pekín al notar los niveles de contaminación, y la tétrica cantidad de edificios. El toque final lo entregan el añadido de los pianos, uno desde Barcelona, el otro salido del mismo instrumento usado por Hans Zimmer en Interstellar, dándole así una sensación estremecedora.

Por su parte, en su travesía en África, René Pérez conoció la historia de Thomas Sankara, lider de Burkina Faso en su lucha antiimperialista en los años ochenta. Tras esto escribió “La Sombra” canción en la que colabora Bombino, músico de Niger que tuvo que salir de su país por problemas políticos. Por otro lado, un sueño iluminó la historia de “Milo”, canción que le escribió a su hijo, que incluye un esperanzador coro africano. Una verdadera canción de cuna.

El disco comienza a cerrar con “El Futuro es Nuestro” una alegre distopía que nos ve cómo podría ser el día de mañana si seguimos como estamos, y por otro lado, una mirada sobre los cambios de paradigma, y la pérdida de confianza en las distintas instituciones, como la iglesia católica. Notable es, además, la banda de Goran Bregovic que aparece en majestad al final de la canción.

Para dar fin a su primer proyecto solista, Residente viajó hasta su natal Puerto Rico, un país azotado por la historia, para componer “Hijos del Cañaveral”, una especie de himno para sus compatriotas. Aquí es donde se consolida el crecimiento musical del ex Calle 13, logra hacer que su lucha independentista se conecte a través de la música, logrando incluso identificar a muchos otros caribeños.

Catorce países, una serie de ritmos tribales, lugares de reflexión e historias emocionantes. El camino a encontrar y consolidar la identidad de cada uno es uno sin fin. Mutamos, crecemos, cambiamos y nos equivocamos. Luchamos, ganamos y perdemos. Vivimos en una constante oportunidad de encontrarnos con el otro y de aprender de cada uno. Residente tomó ese riesgo, apostó por autoconocerse y logró de paso un trabajo diverso, estremecedor y atrapante. Un ciudadano del mundo que desea encontrarse porque no quiere ser una historia, sino que quiere hacer historia.