Barack Obama marcó un punto importante en la historia estadounidense, y eso se ve reflejado en los dos biopics dedicados a su vida estrenados este año. Por un lado, tenemos el drama “Southside with You” (Richard Tanne, 2016) que narra la primera cita entre Barack Obama y Michelle Robinson. Por otro lado, tenemos “Barry” (Vikram Gandhi, 2016), la apuesta de Netflix que se enfoca en la vida universitaria de un joven Obama. Bajo esa simple premisa –y en comparación a su rival más romántico– se podría pensar que el filme se vería algo limitado a ser atractivo solamente para quienes en verdad se interesan en los inicios del Presidente Nº 44 de Estados Unidos. Todos sabemos dónde está Obama ahora, y muchos esperábamos que este largometraje nos mostrara cómo llego ahí. Sin embargo, “Barry” nos muestra el por qué, y ahí recae su principal atractivo.

Detallando un poco más la trama, el filme nos traslada a 1981 para seguir los inicios de Barry (Devon Terrell), un joven estudiante que llega a Nueva York para comenzar su tercer año en la Universidad de Columbia. En un ambiente dominado por la delincuencia y las tensiones raciales, se encuentra dividido entre diversas esferas sociales, mientras intentar mantener las relaciones cada vez más tirantes que mantiene con su entorno, destacándose Charlotte (Anya Taylor-Joy), su pareja; y Ann (Ashley Judd), su madre nacida en Kansas.

El filme se escapa de todos los clichés posibles que podrían manifestarse en este tipo de biopics con un fuerte énfasis en la discriminación que transcurre en los barrios bajos de Nueva York. Todo esto es mérito del sólido guión de Adam Mansbach que explota la simple premisa de los orígenes de Barack Obama, mostrándolo como una persona común y corriente que sufre los efectos de una sociedad que lo insulta y agrede, tanto física como psicológicamente. Además, en base a preguntas como «¿por qué todo tiene que ver con la esclavitud?» que sirven como motor principal de la historia, Mansbach realiza sutiles paralelos respecto a la situación actual de racismo en Norteamérica, sin caer en el oportunismo o la sensacionalización de los eventos.Otro de los aspectos más destacables del filme se encuentra en la actuación de Devon Terrell, quien evita caer en lo que pudo haber sido una burda imitación del lenguaje paraverbal del actual mandatario estadounidense, y termina brindando una genuina interpretación de un Obama outsider que, como él mismo anuncia, «no encaja en ninguna parte». Detalles como esos conectan a Barry con el espectador, demostrando que el carismático mandatario de Estados Unidos, también se mostró algo pasivo-agresivo e invisible ante a su entorno. Fue uno de nosotros. De varios lados, en realidad; su madre es de Kansas, su papá es de Kenya, nació en Hawaii, y ahora lucha por subsistir en los alrededores de la Universidad de Columbia. Ficticio o no, el camino que recorrió Barry es tremendo, y, si bien en la película no se muestra de forma explícita, la sola mirada de Terrell te indica los caminos que ha tenido que recorrer el personaje para llegar a dónde está ahora: sus inicios.

Hablando de inicios, no hay que dejar de mencionar el gran debut directorial de Vikram Gandhi, quien, en conjunto con el excelente trabajo de cámara de Adam Newport-Berra, se encargan de retratar la vida del protagonista en La Gran Manzana en base a una gran cantidad de íntimas tomas continuas muy bien logradas. Los prejuicios sociales que constantemente vive Barry son filmados de una manera tanto fina y delicada, como sombría y atrapante. Si bien podrían funcionar por si solas, gran parte de las escenas del filme son adornadas por una excelente banda sonora llena de soul, blues, funk, y tintes de psicodelia, en la que se destaca el uso de temas como “Dance This Mess Around” de The B52’s, y las versiones de “All Along the Watchtower” y “I Shall Be Released” por Bobby Womack y Nina Simone, respectivamente.

La ligera desventaja de “Barry” es que se siente como el primer capítulo en una temporada que, a lo largo de 12 episodios, planea darnos una noción del por qué el pronto-a-ser-expresidente de Estados Unidos luchó constantemente contra la discriminación racial. Las bases claramente están, pero, a momentos, la película asume que el espectador ya tiene cierto conocimiento respecto a la carrera política de Obama. Para aquellos que no estuvimos ocho años bajo su mandato, quizás no resultó tan efectiva como lo pudo haber sido para sus más fieles seguidores o por aquellos que leyeron “Los Sueños de mi Padre” (Barack Obama, 1995), el sentido homenaje de Obama a su padre. A pesar de esto, la más reciente apuesta de Netflix funciona. El filme de Gandhi nunca aspira a algo más porque no necesita serlo. Si el filme hubiese querido ser un biopic ambicioso, se hubiese desmoronado a pedazos. Pero no; el largometraje promete enfocarse en la vida universitaria de un joven Obama, y eso es exactamente lo que hace.

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