Luego de la triada guitarrera de Los Muertos, Weichafe y Zurdaka, las poleras negras y las barbas fueron desapareciendo entre shorts y tenidas más variadas durante los shows de Nicole y Los Jaivas. Y así fue todo el fin de semana del festival Rock en Conce 2017: un constante fluir de públicos que se acercaban y alejaban del frente del escenario según el artista que estuviera encima.

Cada jornada partió con actos como Fernanda Leiva (sábado) o Jorge Raby (domingo) que, por ser relativamente nuevos, tuvieron muy poco tiempo en el escenario. Por suerte el segundo día el público apareció más temprano y había bastante gente celebrando la energía de las Mulier, cerca de las 3 y media de la tarde del domingo.

El sábado, la euforia llegó con Weichafe y, especialmente, con los locales Zurdaka, cuyo amplio registro estilístico y gusto por los cambios de tempo (aplicados incluso a “El aparecido” de Víctor Jara) levantó las primeras polvaredas.

Les siguieron los sólidos shows de Electrodomésticos (que adelantaron “Ex la humanidad”, de su próximo disco, e invitaron a Angelo Pierattini) y Nicole (que mostró el excelente “Panal” y desató el karaoke con sus éxitos).

Los 55 minutos de Los Jaivas parecieron un collage de distintas partes de un concierto, con partes que no cuajaban muy bien y con un problema técnico con el bajo de Mario Mutis que obligó a Claudio Parra a rellenar cuatro minutos. Claro, no fue algo tan grave como el corte de luz durante el show de Kalule el año pasado, pero aun así dejó a la banda visiblemente incómoda durante las primeras canciones.

El domingo, un desfile de micrófonos que se negaban a funcionar casi lleva a lo anticlimático el show de Inarbolece, pero los de Carampangue lograron revertir la situación con gracia: hicieron que el público cantara las últimas líneas de “As de trébol”, y crearon un momento mucho más especial de lo planeado.

Antes que ellos, La Negra Ácida ya había dejado los ánimos bien arriba con su energética fusión. Quizás fue la adrenalina ante buena respuesta del público o una mala planificación lo que los hizo anunciar una última canción cuando ya se habían pasado de su tiempo correspondiente.

Los momentos más altos del show de Javiera y Ángel Parra en honor a su abuela y padre, los imprescindibles Violeta y Ángel, fueron aquellos en que no buscaron innovar sino sólo interpretar.

En las canciones donde había poco más que voz e instrumento (como en las versiones de “Gracias a la vida” con charango, “Volver a los 17” con cuatro, y también “Canción de amor” con guitarra), lucía desnuda la calidad de la composición y la efectividad de la interpretación. Por algo Violeta no recargó sus últimas composiciones con infinitos arreglos.

Los cabeza de cartel (Mala Rodríguez, Bersuit Vergarabat, Beto Cuevas, Alex Anwandter) fueron justo lo que se espera de los artistas en su posición: una colección de éxitos y un puñado de canciones nuevas para hacer corear a las masas, de la mano con una prolija ejecución.

Mención aparte merecen el carisma de la Mala (que, sólo con el apoyo de DJ Swet, llenó el escenario) y Alex Anwandter (un trencito de hits coreados por una barra implacable).

El Rock en Conce, fuera de los restringidos márgenes estéticos impuestos por la palabra con erre, cumple con el encuentro y el diálogo de estilos esperados en un festival. Con su gratuidad da acceso a quienes generalmente se quedan fuera de la “escena” musical: todos aquellos que no pueden costear una entrada, un taxi o no tienen edad para entrar a los bares (vespertinos y nocturnos) donde se hacen la mayoría de los conciertos del año en Concepción.

Es verdad que faltan algunas tareas -que el público ayude a retirar su basura, que la organización facilite el acceso a personas con movilidad reducida-, pero el REC hace lo que ninguna política pública ha hecho en el área: logra que la ciudadanía ocupe espacios públicos, fomenta la música popular, la descentraliza y la acerca al público general, razón por la que existe.

La intendencia anunció hace unos días estar evaluando la idea de transferir el REC a manos privadas con tal de mantenerlo activo una vez terminado el gobierno de Bachelet. Tal encrucijada habla de la desprotección del arte popular como eterna tradición del Estado, una falta de compromiso nacional que nos puede costar esta tribuna única en el país.

*Fotos: Francisco Arias

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