El comienzo fue un big-bang y fue caliente”, tal como en la canción que da nombre al espectáculo del Cirque du Solei, la premiere del show en Santiago fue una explosión de estímulos y recuerdos.

La primera función oficial en Chile -un día antes hubo una sólo para invitados especiales- coincidió con el montaje número 100 desde que en marzo pasado se estrenara en Buenos Aires, Argentina.

Haciéndose cargo de toda la iconografía histórica de la banda -los sutiles guiños a las portadas de Dynamo y Languis son cosas que los verdaderos fanáticos sabrán apreciar-, el despliegue ideado por la compañía circense más importante del mundo impacta por su grandilocuencia.

Con una excepción en su montaje histórico, el público ubicado en el sector de cancha es parte importante de la experiencia. Conducidos por unos “ángeles eléctricos” -otro guiño a la historia, check-, la masa se vuelve itinerante a medida que los artistas se inmersan a lo largo de todo el Movistar Arena. La adrenalina de que cualquier cosa puede pasar es real.

Si viéramos los sucesos en clave muda, sin las correctas mezclas hechas con el material de Soda Stereo, nos impactaría de todas formas. Con un trabajo de dos años comulgados en conjunto con Zeta Bosio, Charly Alberti y los herederos de Gustavo Cerati, Michel Laprise -escritor y director del show- junto a Chanta Tremblay, directora de creación del montaje, logran en solo 90 minutos sumergir a todo una audiencia en un mágico trance.

La treintena de temas incluidos en Sep7imo día no sólo se quedan en los grandes éxitos del trío. Inclusión de extractos de “Disco eterno”, “Toma la ruta” o “Nuestra fe”, demuestran que, pese a estar ideado para la amplia audiencia, los seguidores más acerrimos de los argentinos que ven con lejanía las nuevas formas que está tomando “su banda”, se sientan parte del imaginario propuesto por el de origen canadiense.

A exactos 10 años de la gira que nos hizo ver volver a Cerati y compañía, los 36 artistas en escena dejan el nombre de la banda en el mismo sitial que ya ocuparon The Beatles, Michael Jackson y Elvis Presley, únicos nombres elegidos por el Cirque du Solei para adaptar su arte al servicio de la música.

El legado de Soda Stereo, tal como la premisa de esta reinvención, no descansará. Sólo así los grandes se vuelven eternos.

Comenta acá