Hace poco fui a cachurear a la feria y me topé con un puesto bacán de libros. Entre los silabarios y los libros pirateados de las confesiones de una mujer borracha estaba él,una biografía del único e inigualable Pitbull de Conchalí. Obvio que no dudé en comprar el libro. Ante mi no disimulada emoción, el dueño de los libros pregunta “¿Te gusta Gary Medel” a lo que asiento con orgullo. Cuento corto: el dueño me lo regala y yo me voy feliz para la casa.

Así es como empecé una intensa jornada reflexiva para elegir cuáles son los motivos que me llevan a coronar a Gary Medel como mi jugador favorito de todos los tiempos. Porque, queramos o no, el Pitbull es una figura tanto fuera como dentro de la cacha y por esa razón nos resulta innegable su legado dentro de la cultura pop de nuestro país.

Ahora, vamos por parte. Corría el año 2008 y un tímido futbolista da una de las mejores cuñas del reporteo nacional. “Me tiraron un combo porque estaban discutiendo dos personas y yo me meto ahí y digo ¿Qué sucede?” aclara Medel frente a su presunta participación dentro de un altercado en una disco santiaguina. Desde ahí se da inicio a una colección de culto de los mejores momentos de Gary Medel  a lo largo del tiempo. Entrevistas, bromas, conflictos y uno que otro consejo de vida a sus compañeros han sido los detonantes de diversas frases que residen dentro de la memoria colectiva y muchas de ellas incluso pasaron a ser parte del diccionario chilensis (ahí quedaste, RAE).

Sólo el Pitbull es capaz de definir la destreza, agilidad y perseverancia en un sólo término: la chispeza. Pero, ¿cómo se sabe si eres acreedor de la chispeza? aquí viene lo interesante, pues entendiendo la complejidad del lenguaje pitbulliano, la chipeza sólo puede ser ratificada por su propio creador. Bajo esa premisa, Medel no sólo se burla de la academia, sino que comprueba que el coa futbolístico está lejos de ser una dialéctica vulgar, pues no sólo se trata de escupos y chuchás, ya que también se es capaz de reconocer valores y virtudes en el otro, como lo es la chispeza.

Gary es uno más de nosotros. Uno que dice culiao a todo volumen sin importar si hay cámaras apuntándolo, que olvida la diplomacia al momento de hablar de injusticias y el mismo que jugaba a la pelota en las canchas improvisadas de los barrios de Conchalí y hoy resplandece en las grandes ligas. Porque el Pitbull sabe de donde viene y no lo olvida. Fiel a su estilo y aferrado a su simpleza inherente.

Al escribir esto me acordé de uno de los momentos más pulentos de la Copa América del 2015. Un angustioso partido de Chile contra México altera las pasiones. Un duro empate agota a sus jugadores por lo que tras el pitazo final se van rápidamente a los bastidores, menos uno. Ese uno es Gary, quién incitó a sus compañeros a devolverse con un “Vamos a saludar a la gente, culiao” el cual resonó por todo el Estadio Nacional. Si esto no es amor cabros, díganme qué es.

Y el punto final que cierra este breve análisis es la figura inquebrantable que emana de este personaje. “Gary no pasa agosto, es agosto el que debe pasar a Gary” se sostiene desde Gary Medel Facts, página que enaltece la fortaleza del futbolista y lo antepone a cualquier situación desventajosa. Lo hemos visto jugar con lesiones, llorar con intensidad luego de una eliminación y celebrar la victoria como cualquier hincha. El Pitbull nos llena de orgullo una y otra vez. Orgullo que con el paso de los años inmortalizará su imagen en las toallas del persa, los calendarios populares y en el nombre de alguna calle periférica; replicándose así en todas y cada una de las manifestaciones de complicidad entre el hincha y su jugador. Te bancamos Gary, no lo olvides.

Comenta acá