Una pequeña familia huye desesperadamente de sus captores, en una persecución que intriga desde el primer momento. No sabemos de qué huyen, sólo sabemos que una familia será completamente destruida cuando ella le pierda el rastro a su familia para ser llevada a rastras a una nueva vida. La peor de las vidas.

Así comienza la historia de June (Elisabeth Moss) en The Handmaid’s Tale (El cuento de la criada), la serie del momento desarrollada por la cadena de streaming Hulu, adaptación de la distopía futurista (o quizás no tanto) de Margaret Atwood, publicada en 1985.

La historia está ambientada en un Estados Unidos que desaparece tras el asesinato de su presidente y la abolición de su Congreso y Constitución, para convertirse en la República de Gilead, una nueva nación bajo una dictadura teocrática impuesta por un grupo fundamentalista religioso inspirado en el Antiguo Testamento. En este nuevo régimen, June y el resto de las mujeres son convertidas en Criadas, mujeres sin identidad cuyo único valor es ser portadoras de los ovarios y úteros fértiles que llevarán a los nuevos niños de Gilead, nación golpeada por la infertilidad de sus mujeres.

La única diferencia entre las Criadas es el nuevo nombre que se les ha entregado, uno que ni siquiera es suyo, sino del capitán al que momentáneamente pertenecen y del que deberán tener sus hijos. Es así como June se convierte en Offred (Defred en español), Criada del Comandante Fred Waterford, interpretado por Joseph Fiennes (Shakespeare in Love). Así le siguen mujeres olvidadas como Ofglen, Ofwarren, Oferic, Ofsamuel.

Sin nombres y bajo una estricta doctrina, las Criadas están destinadas a olvidarse de si mismas para entregarse a una nueva vida, lejos de la que se les ha arrebatado. Caminan en parejas, no para acompañarse sino para vigilarse las unas a las otras; visten de impecable rojo, el valor de la fertilidad que es el único valor que tienen en Gilead, mientras un tocado blanco les cubre la cabeza, que debe estar gacha en todo momento. De a poco, al pasar inadvertidas en el mundo, comienzan a pasar inadvertidas para ellas mismas. Pero Offred no se rinde, no se pierde y su única motivación, aunque todo apunte a que es imposible, es escapar y recuperar a su hija capturada: Hannah.

Mujeres divididas en una jerarquía donde, a pesar de que su valor es el mínimo, cargan con títulos que las caracterizarán en su nueva sociedad. Criadas como vientres de “alquiler”, sistemáticamente violadas por sus comandantes en sus días fértiles y así contrarrestar la infertilidad de las Esposas, quienes están presentes en el momento de la violación o “ceremonia”. Marthas, mujeres mayores que ya no están en edad de fecundar y dedican su vida a las labores del hogar. Tías, crueles mujeres fieles al nuevo sistema y castigadoras de las Criadas insurrectas. Y en el último lugar de la jerarquía femenina: las lesbianas, rebautizadas como “traidoras al género”, cuya inmoralidad es castigada desde la mutilación genital hasta la muerte.

Y aunque la historia es interesante por si misma, The Handmaid’s Tale no sería lo mismo sin la brillante actuación de Elisabeth Moss (Mad Men, Top of the Lake). Los luminosos días contrastan los oscuros pensamientos que Offred nos entrega a través de su voz en off, llena de sarcasmo y una férrea convicción a no quebrarse por completo al nuevo sistema: Offred se niega a perder completamente a quien solía ser June. Su voz inquietante, en medio del silencio actúan tan bien como los ojos de Moss, que dependiendo de la ocasión, son capaces de perder toda expresión para dejarnos sumidos en la más grande de las angustias.

Una de sus contrapartes, y posible candidata a cualquier estatuilla que la televisión tenga para entregar en sus roles secundarios, está Ofglen, interpretada en la actuación más oscura de Alexis Bledel (Gilmore Girls). Al igual que la Criada que interpreta, Bledel parece olvidarse por completo de toda la dulzura de una vida anterior y que la ha caracterizado en su carrera actoral.

La distopía creada por Margaret Atwood y adaptada a la pantalla por Bruce Miller, pese a haber sido escrita en la década de los 80, se ha mantenido vigente como una equivalente feminista de “1984” de George Orwell. “La historia siempre ha sido oportuna. Todo el libro ha ocurrido o está ocurriendo en alguna parte del mundo en este momento, y así fue cuando Margaret Atwood lo escribió“, declaró Reed Morano, directora de los primeros tres capítulos de la serie, a The Hollywood Reporter.

Y no es para menos, si los “valores” impuestos en Gilead intentan (y logran) por todos los medios anular a la mujer en todo rol y hacen que una serie como The Handmaid’s Tale cobre vital importancia en los tiempos que corren.

En un mundo donde los derechos reproductivos de las mujeres parecen estar en manos de cualquiera, menos en las de ellas mismas, una historia como la de Offred y las demás criadas, nos acerca más a la ficción que nunca y hacen que esta distopía no sea del todo futurista. Entonces, no es casualidad que al día siguiente de la elección de Donald Trump, se dispararan las ventas de obras literarias como la ya mencionada “1984” de Orwell, y en un 200% las ventas de El cuento de la criada de Atwood.

Después de ver espantarse con los horrores a los que las mujeres son sometidas en el primer capítulo, la canción de cierre, si bien irónica, nos pone deja detrás de la trinchera de las Criadas, pendientes al siguiente capítulo. ¿La canción? “You Don’t Own Me” de Lesley Gore, una traidora al género para Gilead entonando un himno para Offred.

The Handmaid’s Tale se transmite todos los miércoles a través de la cadena de streaming Hulu, y aún no hay planes para su transmisión en Latinoamérica (pero siempre está disponible el buen torrent semanal).

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