El tercer disco de Warpaint las pilla en un momento crítico: tras dos LP robustos, gozando aún del crédito que significó el éxito de su anterior trabajo y en un ambiente de expectación inédito. Quizá por lo mismo es que “Heads Up” me genera sentimientos encontrados. Por una parte es otro buen disco de Warpaint, que chequea los mismos casilleros que sus predecesores, y a su vez ese es el problema: salvo algunos retoques, el grueso del álbum es básicamente más de lo mismo. ¿Es eso malo? Queda al criterio de cada uno.

Desde el comienzo el cuarteto establece una atmósfera ya conocida a fuerza de un combo drum ‘n bass poderoso y unas armonías interpretadas con decisión. En ningún momento durante todo el tracklist se deja ver alguna grieta entre la solidez de cada una de las músicas, y ese es uno de los pilares de “Heads Up”. Warpaint suena más sólido y confiado que nunca, y la maduración es evidente.

Este es fácilmente el disco más upbeat de Warpaint, el más fiestero; atrás quedaron las atmósferas más soporíferas. Aplausos aquí para la baterista Stella Mozgawa, que muestra mucho criterio para administrar las intensidades, así como ingenio y destreza técnica para desarrollar beats interesantes, siempre en sincronía con el bajo. La exploración de Warpaint hoy por hoy parece ser más rítmica que atmosférica, como hacían antes. Voces, guitarras y teclados usualmente se quedan atrás en la mezcla para dejar brillar al ritmo durante algunos pasajes.

Además, hay muchos detalles en cada canción que vuelven en motivos que probablemente complacerán a los oyentes más ávidos, aquellos que quieren buscar un poco más allá de los riffs pegajosos y el ambiente dance general. Destacan sobre todo “Whiteout”, “Don’t Let Go” y “Dre”. Y sin embargo, aún con todo lo bueno que he mencionado, no puedo evitar quedar con gusto a poco al terminar cada escucha.

El problema de “Heads Up” es que sigue, como disco, la misma estructura que sus predecesores: comienza similar, se desarrolla similar y tiene los mismos milestones que los anteriores. Hay un giro hacia una temática nueva, pero no termina nunca de arriesgar lo suficiente y cada canción deja un extraño sabor a repetición. A que es un buen disco, buenas canciones, pero más de lo mismo.

Hay quienes defenderán “Heads Up” argumentando que si no está roto, para qué arreglarlo. Si los discos anteriores obedecían a una fórmula y funcionaron, para qué salirse del libreto ahora. Esas personas tienen toda la razón: el tercer disco de Warpaint está lejos de ser malo, ni siquiera mediocre, pero igualmente lejos de ser una obra maestra. Es un disco correcto y sumamente disfrutable, pero me quedaré con las ganas de paladear un trabajo más arriesgado, más innovador.

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